Gestionando la confianza

En el artículo anterior vimos las características generales de una de las dos energías básicas en el ser humano: la confianza. Hoy toca abordar la gestión de esta energía, un trabajo que haremos con dos objetivos fundamentales: en primer lugar, provocar o favorecer que surja en nosotrxs si es que está ausente, y en segundo lugar, hacer una buena gestión y mantenimiento.

Quizás lo primero que haya que hacer es irnos al referente biológico. La principal hormona responsable de la aparición de confianza en un ser humano es la oxitocina (también del amor-afectividad-felicidad).

A la oxitocina la llaman la hormona tímida, porque muy fácilmente desaparece o, al menos, deja de estar presente y perceptible para la mente. Con mucha facilidad, la generación de otras energías y estados mentales, provoca la desaparición o no percepción de la confianza y también del amor y sus variantes.

Esto tiene, en primer lugar, una explicación evolutiva: en situaciones de peligro, dificultad y urgencia, han prevalecido las respuestas extremas, bien de huida bien de lucha. Y, en esas circunstancias, la oxitocina no era la sustancia química más recomendable para provocar las reacciones físicas y mentales que hacían falta.

Pero más allá de las posibles explicaciones, éste es un factor que hay que tener muy en cuenta a la hora de gestionar la confianza. Para empezar, hemos de ser conscientes de que, a menudo, no la tendremos a nuestra disposición. Así pues, las expectativas en nuestro trabajo con la confianza, al menos durante un tiempo, no pueden pasar porque esté siempre presente. Nos situaremos en una posición en la que comprendemos su fluir y normalizamos las situaciones en que esté ausente.

Cuando esta situación se dé, nos situaremos en el PACÁ y lo más pronto que podamos nos dispondremos a buscar las causas, para ello observaremos a ver cuáles son esas energías que están tapando o impidiendo el natural fluir de confianza y cuáles son las causas. Por ejemplo, si nuestra mente no ha gestionado bien una situación y ha exagerado un peligro, con lo cual está emitiendo un miedo desproporcionado, es previsible que la confianza no aparezca.

El otro conocimiento que hemos de procurar tener siempre presente en nuestra gestión de la confianza, versa sobre su naturaleza y condición: La confianza es el estado natural de la mente de un ser humano si ha recibido una crianza adecuada. Nos es extraordinario, tampoco es algo condicional, sino que es lo natural. Hemos de superar la idea de que la confianza es algo a conseguir, algo a ganarse o algo que nos viene aleatoriamente y sobre lo que no podemos intervenir facilitando que esté. (Esto es darle todo el poder a un sistema de juicios que no está funcionando adecuadamente).

También hemos de comprender que nuestra mente ha vivido siempre (o casi) en la ausencia de confianza y, por tanto, no tiene bien asentado el referente o experiencia interna de lo que es ese estado natural de vivir en la confianza.

Así pues, es darse cuenta de que mi mente ha estado viendo en una carencia grave de una energía que, de forma natural, habría de haber estado ahí. Y que esto ha tenido unos efectos. No se trata tanto de luchar contra esos efectos, sino de situarse en la confianza.

Y, para ello, podemos usar varias técnicas o ejercitamientos. El primero, utilizando la meditación como herramienta para conseguirlo si así lo vemos más adecuado, es figurar o imaginar que en nuestra infancia sí recibimos confianza por parte de nuestras principales figuras de apego: habitualmente mamá y papá.

Como no es extraño que en la mente aún haya situaciones pendientes por resolver con nuestro padre y nuestra madre, muchas personas necesitarán de un apoyo para poder hacer bien este trabajo. Para ello tenemos una idea muy potente que nos allanará el camino aplacando las respuestas doloridas de nuestrx Niñx Interior cuando evocamos nuestra infancia. La idea es:

Si papá y mamá hubiesen sabido y podido, lo hubieran hecho.

Si mi madre y mi padre hubiesen sabido lo importantísimo que era todo esto y también cómo hacerlo y, además, sus circunstancias se lo hubiesen permitido, sin duda, hubiesen hecho todo lo que estuviese en sus manos para transmitirme confianza de manera incondicional.

A partir de esta idea, podemos hacer meditaciones o bien situarnos directamente en nuestra infancia y evocar recuerdos o, directamente, imaginar un estado interno en el que recibíamos confianza, sin condiciones. Por el simple hecho de ser, de ser nosotrxs. Para ello, en un momento de relajación, nos situaremos en un escenario de conexión con nuestrx Niñx Interior. Y figuraremos que sí recibimos la confianza incondicional en nuestra infancia.

Otra manera de hacerlo, especialmente en los casos en que no funcione bien la primera línea de trabajo, es evocar situaciones concretas en las que hayamos sentido la presencia interna de la confianza. Es muy raro que, a lo largo de toda una vida, no se hayan dado situaciones concretas. Las rememoramos haciéndolas presentes y vamos activando esa energía. Recordemos, en este punto, que el Inconsciente no distingue entre realidad y ficción. Por eso disfrutamos tanto una película u obra de teatro y, por eso, funcionan los ejercicios en los que recreamos situaciones.

Todo este ejercitamiento se puede hacer gracias a un principio de funcionamiento en la gestión de la mente: podemos provocar la aparición de una energía (cualquier sentir) y una vez que haya aparecido, podemos ir dejando atrás las ideas o escenarios mentales que hemos utilizado para ello y nos vamos quedando con la energía en sí, que facilitaremos en su fluir, ya gestionándola directamente. Iremos fijando esa energía y el estado que produce en nuestra mente y cuerpo.

Ha de ser un trabajo continuado, pero sin forzar. Poco a poco, podremos ir fijando esto sin necesidad de “pararnos” en una meditación-respiración específica, sino a cada momento…

Otro trabajo que habremos de ir haciendo es ir identificando bien cuáles son las condiciones que nuestra mente aprendió, erróneamente, a ponerle a la confianza. No tendremos que ir buscándolas especialmente, pues irán apareciendo conforme vayamos haciendo el primer ejercitamiento descrito.

Nuestra mente aprendió que, para que pudiera confiar, emitirse confianza, habían de darse determinadas condiciones de capacidades, cualidades o circunstancias. Y, muy posiblemente, también aprendió que no era bueno confiar demasiado.

Es importante detectar estas condiciones. Son situaciones que la mente cree que deben darse para que pueda haber confianza en ella. Para ello, volvemos a observar nuestro sistema de juicios, tanto a nivel Consciente como Inconsciente y, como siempre, con especial atención a los criterios que determinan esos juicios. Aquí encontraremos las Ideas Aceptadas erróneas que favorecen el taponamiento de la confianza.

Habremos de observar para concretar cuáles son los criterios o condiciones que nuestra mente le pone a la confianza. Para luego, cuestionar todo ese entramado.

Y, por último, hemos de hacer un trabajo en el que nuestra mente vaya reaprendiendo a situarse, a envolverse, a permitir, a vivir desde la confianza. Y, para ello, hemos de “sobreescribir” en el aprendizaje básico que ha hecho que es, justamente, el contrario: a vivir desde la desconfianza.

Para ello, por momentos hemos de conectar con el “Yo” infantil (Niñx Interior) y vivir desde ahí la desconfianza. Y, en ese momento de activación de ese Yo con el escenario de la desconfianza, ofrecerle desde una consciencia más global, el reaprendizaje, la vivencia de lo que es vivir en la confianza. Haciéndole ver, además, que:

Puedo tener confianza en la confianza y sus efectos

Y, a partir de aquí, puedo tener la confianza en que:

Desde la confianza voy a responder mejor a los eventos de la vida

Y preguntarle ¿No es así? ¿No es esto la verdad, real?

Y mantenerse ahí, viendo desde ahí y favoreciendo la comprensión profunda. Sin tratar de imponer nada, sino siendo permeable a una posición y otra, dejando que se influyan mutuamente. Hasta que se produzca un proceso de cambio y maduración natural.

El resultado de todo este trabajo nos irá colocando, paulatinamente, en una nueva posición, muy distinta de la anterior y mucho más sana.

La confianza

Tras ver cómo funciona el “circuito” de las energías en los seres humanos, hoy nos toca tratar detenidamente una de las dos energías que podríamos denominar como claves o básicas. Son la confianza y el amor-afectividad (que veremos próximamente).

La confianza es, quizás, la energía fundamental del Foco Energía Vital. Esto es así porque su existencia o no, determina al resto de las energías de dicho Foco y, por tanto, al conjunto de todas nuestras energías. Así, la vitalidad, la fuerza, las ganas y/o motivación, el gozo, la alegría y otras, se activan o refuerzan cuando en la persona hay confianza de base, que se manifiesta como un fondo envolvente de esta energía cálida.

Hablamos de una confianza de base, que no debe estar condicionada a ninguna circunstancia. Una persona no ha de cumplir ningún requisito para poder contar con esta energía. Todo al contrario, vivir en y desde la confianza es nuestro estado natural que se da, siempre y cuando, se hayan dado unos mínimos requisitos, como son:

– Una transmisión adecuada en la infancia, por parte de las principales figuras de apego, normalmente mamá y papá. Cuando la criatura recibe confianza incondicional desde papá y mamá, aparece en ella esta energía envolvente que será uno de sus mayores tesoros a lo largo de su vida. De forma natural, el niño o la niña mirarán y se relacionarán con la vida, desde la confianza.

– En segundo lugar tenemos las experiencias de vida. En este punto, hay que indicar que, habitualmente, una carencia en la transmisión provocará una estructura mental que facilitará experiencias negativas que dificulten la aparición de la confianza. Es el fenómeno de “profecía autocumplida” que tantas veces se da.

Así, una mente que no perciba confianza en el estado energético base, sufrirá los múltiples efectos que en este texto se describen, tanto en la auto-noción y percepción de sí, como en la visión y disposición ante los eventos que haya de afrontar. Esto hará que ese afrontamiento no sea el más adecuado, lo que provocará que las experiencias que vive la persona tengan una clara tendencia a ser negativas o, al menos, mucho menos positivas.

– Y, por último, es necesario nombrar también la estructura genética individual. Aunque en ningún caso este factor sería suficiente para impedir que se dé la confianza en una persona, hay que recordar que no hay dos personas iguales y, por tanto, la variabilidad individual hará que unas sean más propicias para que se dé la confianza en ellas y otras menos.

Como se podrá comprobar, en ninguno de estos requisitos se incluye la condición de tener unas capacidades u otras o de actuar de una manera o de otra. Sencillamente, porque la existencia de confianza en una persona, no depende de esto.

Sin embargo, nuestra cultura generalizada no lo interpreta así y, en la inmensa mayoría de los casos, las personas creen que han de cumplir unos requisitos, dar unos resultados concretos o tener determinadas capacidades o conductas, para ser dignas o tener derecho a que en ellas se produzca la confianza.

Esta es una de las Ideas Aceptadas (Creencias) erróneas que más daño nos hacen, pues nos aleja de nuestro estado natural que es vivir en conexión con, o desde, la confianza. Y esto es algo que nuestra mente necesita para funcionar correctamente. Es una Idea Aceptada errónea que tiene amplias repercusiones negativas en nuestra vida. ¡Y todo se debe a un error de comprensión!

Sí es cierto que, en un segundo nivel de funcionamiento, esta energía puede proyectarse en objetos (internos o externos) concretos. Es cuando hablamos de “tener confianza en…” Pero este es un nivel secundario que en nada puede empañar ni mezclarse con el nivel del fluir natural de nuestra confianza base.

También cabe mencionar la confusión que suele darse entre confianza y seguridad. La seguridad, al contrario que la confianza, sí es producto de una valoración que hace el sistema de juicios de nuestra mente. Aquí el trabajo consistirá en asegurarnos de que ese sistema de chequeo y valoración continua del que disponemos, funciona correctamente. (Lo veremos en un próximo artículo).

Puedo estar envuelto internamente en confianza pero puedo no tener la seguridad de que si me lanzo al mar, podré salvar a esa persona que se está ahogando. No, si por ejemplo, no sé nadar. Necesito que mi sistema de juicios funcione correctamente para que me aclare en qué circunstancias puedo actuar y cómo.

En cuanto a sus efectos concretos, cuando la confianza de base es percibida por la mente (recordemos que, en primer lugar, llega al Inconsciente) genera sensaciones de calidez, serenidad, bienestar y confort internos. Es una sensación de que algo así no envuelve internamente.

También produce una sensación de encaje interno. La persona se siente encajada en sí y, por tanto, tiene una base y referencia sólidas para su interrelación con la vida y las otras personas. Y, como consecuencia de todo esto, aumenta la sensación de presencia interna. Ya no aparece un desierto interior desolado, borroso u oscuro como noción profunda de nuestro interior.

En su relación con el foco amor, la existencia de confianza favorecerá el fluir de las energías afectivo-amorosas.

Además, se produce una positivización general de la mente (también del Consciente). Actúa directamente sobre el Foco Inteligencia, favoreciendo una visión más certera, global e integradora de nuestra realidad, tanto exterior como interior. Es decir, mejora nuestra capacidad para comprender lúcidamente la realidad. Y también nuestra creatividad.

Nos convertimos en personas más eficientes, más certeras, pues nuestra expresión y acción hacia fuera es más adecuada y eficaz, aumentando nuestro ánimo, vigor y fuerza, con lo cual, obtendremos siempre mejores resultados cuando actuamos desde la confianza que cuando lo hacemos desde la no-confianza o la desconfianza.

Cualquier persona puede, y debe, corroborar esta realidad a través de su experiencia de vida.

Y a partir de este cambio de visión sobre la confianza y la comprensión sobre los efectos que produce, aparecen dos evidencias que nos servirán enormemente para afianzar el proceso de cambio. La primera es que,

Puedo tener confianza en la confianza y sus efectos

Y, a partir de aquí, puedo tener la confianza en que:

Desde la confianza voy a responder mejor a los eventos de la vida

NOTA: En el siguiente artículo se abordará la gestión de la confianza y su movilización.

Meditaciones: ejercicios de movilización de energías

Ayer planteaba un esquema del circuito del fluir de la energía en un Ser Humano. Hoy toca algo de práctica, de ejercitamiennto para gestionar esa energía, movilizando la que nos resulte más adecuada a cada momento.

Como ya he mencionado anteriormente, nuestra mente está en un grave error creyendo que necesita de algo externo (persona o situación) para que se movilicen determinadas energías, como pueden ser la vibración amorosa o la confianza.

Esta creencia está comúnmente aceptada. Es más, se nos ha educado en ella. Por lo tanto, ha sido reforzada a lo largo de toda nuestra vida tanto por los mensajes provenientes del exterior como por la experiencia interna que se da a partir de esta falsedad.

Para ir contrarrestando esta situación, habremos de ir ejercitando nuestra capacidad para movilizar las energías de manera totalmente autónoma con respecto al exterior. Este es el objetivo del ejercicio de movilización de energías.

Inicialmente, lo más adecuado es realizar este ejercicio en un momento de relajación-meditación. Posteriormente, podremos hacerlo en cualquier lugar y circunstancia.

El ejercicio consta de 4 pasos, que con el ejercitamiento, podremos ir adaptando a nuestras propias circunstancias. Son:

1.- Recuerdo o evoco la energía que quiero favorecer (la paciencia, la aceptación, la confianza, la acogida amorosa o cualquier otra)

2.- Durante un tiempo presto atención a eso. Sin forzar nada. Todo aquello a lo que prestamos atención lo suficiente, se va consolidando internamente.

3.- Cuando ya noto una presencia clara de esa energía, dentro de mí, me doy permiso para sentir-tener eso. Y atiendo-observo a ver qué impedimentos pone mi mente, si aparecieran. Estas son las condiciones que, erróneamente, cree mi mente que han de darse para que aparezca esa energía.

4.- Por último, aprovechando la respiración, hago que esa energía se expanda y me envuelva. Me instalo en ella.

NOTA: A continuación tienes dos meditaciones-ejercicios prácticos de movilización de energías.

Ejercicio de movilización de energías (Foco energía vital)
Ejercicio de movilización de energías (Actitud adecuada. PACÁ)

Comprender y gestionar el flujo de energías

Ayer respondíamos a la pregunta de ¿Qué somos? Con la evidencia resultante de que somos energía. Energía en distintos estados y modos: energía vital, energía afectiva e inteligente.

No obstante, os recuerdo la necesidad de contrastar esta afirmación mediante la experiencia y la comprensión propias. De no ser así, es una verdad que se convierte en creencia y, en consecuencia, pierde gran parte de su utilidad.

Esto es muy importante: aquí no se habla de nada mágico o esotérico. Por energías entendemos los ladrillos de los que estamos hechos, son nuestro componente fundamental. Y nos interesa muchísimo conocer bien su funcionamiento y tener capacidad para gestionar bien su fluir.

Hoy abordamos esta cuestión. Cómo es el flujo de esa energía a través de nuestro cuerpo y nuestra mente. Y, sobre todo, qué efectos tiene y cómo se puede gestionar.

Los principales elementos que componen este circuito, son:

1.- El cuerpo y las células que lo componen: emiten la energía, transformándola desde los productos que componen nuestra alimentación a formas energéticas diversas.

2.- Estado base: La energía producida por las células y los órganos de nuestro cuerpo, producen un primer nivel ya percibible, que podemos conceptualizar como el Estado base energético. Se trata de un fluir energético del que se nutre la mente y del que depende en buena medida su funcionamiento.

3.- Inconsciente: El inconsciente recibe este estado energético y su funcionamiento dependerá de las energías que perciba que están disponibles o activas.

4.- Consciente: Recibe el estado energético del Inconsciente y su funcionamiento dependerá también de ello.

Nuestro cuerpo está compuesto por una colonia organizada de células. Todas trabajan por un objetivo común: nuestra supervivencia y desarrollo. Una de sus principales funciones como colectivo, más allá de la específica de cada célula, es la emisión de los componentes físicos y energético necesarios para nuestra vida.

Esta actividad dependerá, en buena medida del estado de salud de nuestro cuerpo; de nuestra alimentación, del ejercicio físico que hagamos, del estado de salud general, también de nuestra estructura genética, etc.

Esto lo podemos comprobar con la experiencia directa, viendo por ejemplo, cómo una actividad física adecuada, favorece nuestro estado energético y nos produce sensaciones positivas, repercutiendo directamente en nuestro estado mental.

La energía que llega del cuerpo es uno de los dos factores que determinan nuestro Estado energético de base. El otro, tiene su origen en nuestra mente (Inconsciente y Consciente).

La actividad de la mente, la adecuación de su comprensión y las actitudes que genere, influyen de manera determinante en nuestro Estado energético de base. Por ejemplo, una actitud negativa, una alteración por una comprensión inadecuada o una energía alteradora como pueden ser la rabia o el miedo, taponaran la emisión y natural fluir de determinadas energías y favorecerá otras más alteradoras. Por ejemplo, la contemplación de un paisaje influirá en el estado de nuestra mente y, a su vez, en el Estado energético de base.

Sobre esta interacción cuerpo-mente, podemos actuar. Podemos gestionar nuestro Estado energético base y, de hecho, resulta muy conveniente.

Lo fundamental está en asegurar la emisión de dos energías claves. Son la confianza y la afectividad-amor. La primera se corresponde con el foco energía vital y la segunda, con el foco afectivo-amoroso. Las veremos más específicamente en posteriores textos.

El primer nivel de la mente con noción propia de Yo y, por tanto, con capacidad específica de Respuesta, es el Inconsciente y, más concretamente, la parte del Inconsciente que estamos nombrando como Niñx Interior.

Nuestrx Niñx hace un chequeo constante del Estado energético base, para comprobar qué energías están disponibles. Y el resultado determinará totalmente su estado y funcionamiento. Por ejemplo, si no percibe confianza, necesariamente actuará desde la no-confianza o la desconfianza. Su funcionamiento será radicalmente distinto en un supuesto u otro.

El funcionamiento de nuestro Inconsciente, determinará el del Consciente pero también, recordemos, influirá en el propio Estado energético base. La alteración que se produzca en el Inconsciente alterará aún más su funcionamiento.

El Consciente, por lo general y salvo y proceso previo de toma de conciencia, se limitará a dar soporte y respuestas dentro del escenario general que le está emitiendo el Inconsciente. Si este escenario ya viene negativizado y alterado, funcionará desde ahí. Sólo la existencia de un sólido Yo-Experiencia puede permitir que toda la mente no sea engullida por este flujo energético.

La observación para comprender, la actitud adecuada o PACÁ y el trabajo con el cuerpo. Son las tres primeras herramientas que tenemos para gestionar nuestro Estado base energético. Pero también, y especialmente, tenemos el trabajo directo con este elemento, a través de la mente, favoreciendo la generación de las energías básicas necesarias antes mencionadas: confianza y amor. (Es importante recordar, una vez más, el error de la creencia generalizada de que desde el exterior ha de venirnos algo para cambiar nuestras energías básicas).

De este modo, tomamos el mando de la gestión de nuestro cuerpo y nuestra mente. Asumimos la responsabilidad plena de nuestra estado y funcionamiento. Pasamos de una dependencia irrresponsable a la libertad responsable. Si sabemos, somos capaces de gestionar nuestro estado energético de base.

¿Qué somos?

En el artículo anterior se presentaba un modelo básico de funcionamiento de la mente, aunque a falta aún de varios elementos que se irán introduciendo en los próximos días. Hoy toca hacernos una de las preguntas clave: Pero, en realidad… ¿Qué somos?

Hemos visto que el Ser Humano está compuesto por 5 elementos claves, los pertenecientes al ámbito del cerebro-mente: Consciente, Inconsciente, Energía Base. El cuerpo. Y un quinto elemento que es la Consciencia central y global, que si bien podemos incluir a priori en la mente, también abre una puerta a lo que entendemos por nuestra esencia, espiritualidad o nuestra parte transcendente.

Por ahora, vamos a ir delimitando bien y con la suficiente concreción, el aspecto terrenal, físico-biológico de lo que es un Ser Humano. Para más adelante exploraremos (siempre desde la perspectiva de las experiencias directas y nunca basándonos en Creencias) esa puerta que se abre una vez que somos capaces de instalarnos con la suficiente solidez, en nuestro Yo Central, soltando los lastres que suponen el mundo de las Ideas y la auto-noción que nuestra mente tiene de nosotrxs.

Todo lo que hay en una persona, está hecho, su sustancia o composición, está formada de energías. Blay habla de que somos 3 Focos de energía: Energía Vital-Fuerza, Energía amorosa-afectiva y energía inteligente (comprensión y creatividad).

Puede parecer, inicialmente, un tanto esotérico nombrar así a un Ser Humano. Desde nuestro mundo de ideas y de identificación con las formas que vamos adoptando a cada momento en el devenir de nuestra existencia, ver así al Ser Humano nos desubica, nos cambia la noción que tenemos de lo que somos. Y pudiera parecernos, además de extraña, una visión pobre o limitada.

Pero nada más lejos de la realidad. Es, justamente, todo lo contrario. Si se mira detenidamente, con actitud objetiva, curiosa y espíritu científico, la verdad de lo que somos aparece nítida: Somos energía viva, afectiva e inteligente.

Quizás, la circunstancia de que tengamos un cuerpo físico puede ser un obstáculo para la aceptación y comprensión de esta visión del Ser Humano. Pero, algo que muchas personas sabias están diciéndonos desde hace de miles de años, es un hecho contrastado para la física moderna. Nuestro cuerpo no es más que una forma de energía que ha adquirido masa. Todo lo que tiene masa es, en realidad, energía que ha adquirido ese estado.

Pero todo esto no puede convertirse en una nueva creencia. Nada en nuestro proceso de Autorrealización podemos basarlo en creencias. Hemos de sustentarlo, por contrario, en la experiencia contrastada, en evidencias empíricas, con base lo suficientemente sólida, como para aguantar bien los vientos y tempestades que pueden darse en el frágil mundo de las ideas.

Observa. Obsérvate. Mira todo lo que hay en tí ¿Aparece algo que no esté compuesto por una mezcla de vitalidad, afectividad e inteligencia? ¿Qué otra cosa encuentras? Mira detenidamente, con seriedad, contrastando lo que ves, concretando todo lo que puedas… Y verás, finalmente, que todo lo que hay en tí está compuesto por una mezcla de estas tres energías.

Somos energía. Literalmente. Somos una unidad de vida, inteligente y con capacidad de amar.

Breve Guía funcional de la mente

En un artículo anterior “Un mapa básico de la mente” se enumeraban los 5 elementos o zonas en que podemos dividir nuestra mente que, recordemos, es el órgano o unidad de funcionamiento más complejo de todos los conocidos en nuestro Universo.

Hoy, toca ampliar esta información completándola con los dos planos o dimensiones de funcionamiento que podemos observar y sus principios básicos. Con esto, tenemos un mapa o guía lo suficientemente completa como para que nuestra observación y comprensión sean óptimas.

Recordemos; los 5 elementos principales son: Consciente, Inconsciente, Zona de energía base, la Consciencia global-central y el cuerpo, que se incluye también en este listado pues su interacción con los otros elementos es tal que, difícilmente, se puede considerar, funcionalmente, como algo aparte.

Estos elementos interactúan constantemente en dos dimensiones básicas: la de las ideas y la de las energías.

Por el plano de las ideas entendemos toda aquella actividad mental construida en base a conceptos, nociones, ideas e imágenes, pensamientos, razonamientos, etc.

El plano de las energías lo podríamos dividir en dos apartados; en primer lugar el de las energías (emociones, sentimientos y sensaciones) que tienen la función de ser elementos en la comunicación inter-sectores dentro de la mente. Recordemos que una emoción no es más que el mensaje que envía el Inconsciente al resto de la mente para comunicar un estado o una situación.

En segundo lugar, estarían las energías básicas, las que nos encontramos en el elemento anteriormente denominado como zona de energías bases. Están compuesto por aquellas energías que son necesarias para el funcionamiento de la mente (y por tanto de la persona en su globalidad) y, de manera muy concreta también, de aquellas que la mente desea-busca o rechaza. (Lo veremos más ampliamente en los principios de funcionamiento).

Aquí podríamos hablar de la identificación de la mente con el plano de las ideas, de Matrix o, también, del mito de la caverna planteado hace dos milenios por Platón. Todo ello nos lleva a la evidencia de que nuestra mente ha proyectado en ese mundo de las ideas lo que, en realidad, se mueve en el mundo de las energías. Nuestra cultura racional ha magnificado el plano de las ideas (Pienso luego existo) y ha desechado o minusvalorado el plano de las energías que, a la postre, es el fundamental.

Así, cuando nuestra mente desea que se cumpla algo, un objetivo social, profesional o personal, lo que en realidad está buscando es que se generen, en ella, unas determinadas energías: satisfacción, validación, gozo, intensidad vital, seguridad, confianza, afectividad, cariño, amor… Y un largo etcétera. Y también cuando teme o rechaza algo, lo que en realidad teme o rechaza, son las energías que prevé que eso va a provocar en ella.

Es muy importante que nuestra observación incluya estas dos dimensiones, la de las ideas y escenarios mentales construidos por un lado y, por otro, el del fluir de las energías y las respuestas y actitudes, ante esas energías. Si no es así, la comprensión nunca tendrá la profundidad y concreción necesarias.

Hay que imaginar a nuestrx Niñx Interior como un animalillo, un mamífero que desea unas energías y rechaza otras. Así es su funcionamiento básico.

Y esta imagen nos va a ayudar enormemente para comprender. Estos principios o leyes naturales, rigen todo el funcionamiento de nuestra mente y, por tanto, nuestra vida. Los conocemos coloquialmente como instintos básicos y los reconoceremos en nuestro interior a poco que apliquemos la mirada adecuada. Son:

– Supervivencia y seguridad. La mente buscará su/nuestra supervivencia a toda costa. La seguridad es la vía para asegurarla. Son derivados de este principio, el anhelo por sentir la valía y la capacidad para afrontar la vida y la aceptación e inclusión por parte de las demás personas.

– Trascendencia: sentido y propósito de nuestra vida. Además de alargar al máximo nuestra existencia, la mente busca una explicación, algo que justifique nuestra existencia y, a ser posible, que la alargue indefinidamente.

– Bienestar: La mente siempre elegirá el bienestar ante el malestar. Esto la sitúa en una posición optima de funcionamiento y cree que le asegura mayor supervivencia. Cuando no encuentra el verdadero bienestar, tomará sucedáneos como el placer.

– Plenitud y/o intensidad vital: La plenitud es buscada por la mente. En el fondo no le vale con menos. La sensación de intensidad vital, de estar viviendo la vida, el momento, con la suficiente intensidad vital es uno de los indicadores que más tiene en cuenta.

– Desarrollo y crecimiento: Muy relacionado con el anterior. Es un principio básico de toda vida, que tiende de forma natural, a su máximo desarrollo y crecimiento. También los seres humanos.

Observa tu mente. Comprobarás que todos aquellos objetos (físicos o no) que desea, en realidad, son proyecciones en el mundo de las ideas de lo que ella cree que favorecería la aparición de estas energías. Recuerda la idea errónea de que de el exterior ha de venirme algo para que en mí se den determinadas energías.

La actitud adecuada. Vente PACÁ

Si bien es cierto que no podemos decidir sobre nuestra mente, es decir, no podemos decidir que cambie en tal o cual sentido, sí que tenemos la posibilidad de ir estableciendo las condiciones adecuadas para que nuestra mente vaya cambiando en la línea deseada.

Una de las herramientas más potente que tenemos para gestionar nuestra mente y, por tanto nuestra vida, es la actitud profunda que generamos y desde la que nos posicionamos. Tenemos esa capacidad, la de situarnos en una posición y disposición internas, en una determinada energía inteligente, amorosa y vital. Comprobaremos cómo todo cambia en función de dónde y cómo nos situemos para observar, comprender y afrontar una determinada situación y nuestra vida en general.

Con el tiempo, se irá haciendo evidente la experiencia de que puedes hacerlo, de que tú estás más allá del estado concreto de tu mente… Ve asentando esa presencia que va apareciendo.

PACÁ, es un acrónimo. Una palabra que surge de unas siglas: Paciencia, Aceptación, Confianza y Acogida Amorosa.

La utilizamos para determinar cuál es la actitud adecuada para situarnos a lo largo de todo el proceso de Autorrealización y a cada momento. Es algo aplicable a cada momento, especialmente, nos será de ayuda cuando la sensación de pérdida o desubicación nos invada.

Mil y una veces tu mente de despistará. No luchamos contra eso. Lo aceptamos como algo propio de la naturaleza de nuestra mente y le decimos: Vente PACÁ. Es el referente básico que nunca te va a fallar y que evitará que te pierdas en los vaivenes de la mente. Esta situación se dará tanto en momentos de cansancio y pérdida como en otros de avance, en los que la mente necesita reasentarse en los cambios producidos.

Usa la respiración como primera conexión. Presta atención a tu respiración, no intentes cambiarla, simplemente date cuenta que está ahí y cómo está en este momento. Hazla presente. Nota su presencia. En ese momento, aunque aún no puedas gestionarla, ya podrás identificar la actividad de tu mente. Es el primer paso.

Mantén abierta tu mente a la pregunta: ¿Estoy generando la actitud adecuada en este momento? Haz un alto en el camino y un repaso al PACÁ.

¿Estoy situándome en la suficiente Paciencia o me está llevando la impaciencia?

No se trata de luchar contra la impaciencia. Recuerda que no tiene sustancia propia. Lo que está ocurriendo es una alteración en la situación natural que es de serenidad y paciencia. Por tanto, mira, indaga en la impaciencia… ¿De qué está hecha? Seguramente podrás observar desconfianza, rechazo, inseguridad, miedo, deseos impulsivos, etc.

Respira. No permitas que las prisas marquen el ritmo. Sé tú dándote cuenta de que en ti hay impaciencia, una energía que te lleva a no darte el espacio necesario.

¿Estoy aceptando lo que hay o estoy luchando contra la situación? Y, es más, ¿La situación real es la que ha dibujado mi mente o está equivocada? Para saberlo necesitarás tiempo y espacio suficiente para poder comprobarlo y, para ello, habrás de pasar de la impaciencia a la paciencia y del rechazo a la aceptación plena de lo que, en realidad, haya en ti y en tu vida.

La aceptación no es una actitud pasiva y, mucho menos, de resignación ante lo que hay. Todo al contrario, adopto una actitud de plena aceptación de lo que hay para que mi mente se sitúe en la posición adecuada para observar y comprender la realidad en detalle, sin conformarme con los primeros juicios que haya emitido de forma más o menos inconsciente. La aceptación es el paso previo para generar las energías necesarias (comprensión, fuerza y afectividad) para el cambio.

Plena aceptación de lo que hay, no me peleo con los síntomas, ni pierdo energía con las emociones que me surgen… Y entiendo que no es fácil al principio, pues toda la vida llevo tapando, rechazando, huyendo o generando otra energía mental que compense o que permita que no aparezcan todo el conjunto de emociones y sensaciones que mi mente etiqueta como negativas o inadecuadas.. Hay un mecanismo automático de cortar, evitar…

He de hacer un trabajo para identificar y parar ese mecanismo automático y aceptar en cada momento lo que hay, con una actitud de observación curiosa y objetiva. Lo importante aquí es darme cuenta, observar. No es el momento de intervenir. No importa en absoluto en este momento, arreglar o no arreglar, ya llegará eso. Si tengo prisas y no acepto lo que hay ante mí, mi mente no estará lúcida, no dará con lo que realmente está ocurriendo sino con lo que más miedo le provoca o con los deseos que genera para compensar el malestar. Libérate de todo eso y mira tranquilamente la realidad.

¿Desde dónde parto, desde qué posición: Confianza o Desconfianza? Esta posición es clave tanto a la hora de comprender adecuadamente lo que está ocurriendo como para generar las energías para el cambio que queremos provocar.

Nuestra mente está acostumbrada a basar la confianza en sus capacidades y en una evaluación del pasado. Es decir, hay un juicio emitido (Idea Aceptada) acerca de mi capacidad (en este punto, la mente no distingue entre ella y yo) para abordar la situación. Dicho de otra manera, hasta ahora la mente intentaba proporcionar confianza al “Personaje”, es decir, a esa estructura mental que guarda una idea sobre mí. No se trata de eso.

Pon en cuestionamiento el sistema mental que evalúa y concluye acerca de tus capacidades y sobre los hechos ocurridos o por venir.

La confianza en una cuestión de energía aunque también influye el grado de comprensión que en ese momento tenga mi mente. A la confianza entro por la respiración. Confío en el Ser vivo que soy, independiente de cómo funcione mi mente en este momento. Mantengo la visión mas amplia.

El hecho de que haya confianza en mí, no puede estar condicionado, no puede en unas circunstancias concretas. La confianza real es una energía que fluye desde lo más profundo de forma natural, basada en el hecho irrefutable de que soy un ser vivo y, por tanto, la fuerza de la vida está en mí en la misma medida que en el resto. Soy vida fluyendo.

No hay nada malo en tí. Ningún error de funcionamiento. Puedes confiar plenamente en tu naturaleza profunda.

Y hay una realidad profunda que es la mayor fuente posible de confianza: La verdad me hará libre y suficientemente capaz para afrontar lo que la vida me traiga.

Esto es estrictamente así; el proceso de Autorrealización se basa en el encuentro con la verdad de lo que soy y de lo que es la vida. A cada momento, la verdad me irá liberando del condicionamiento que me limita y esto hará fluir, de forma cada vez más natural, mis energías y, entre ellas, la energía vital y la fuerza. Si busco la verdad aparecerá la confianza pues mi mente comprobará que, cuando disminuyo el condicionamiento de mi mente, fluye fuerza suficiente para afrontar lo que venga. Es así de sencillo.

Esa verdad podrá alterarte en un primer momento pero, al final, siempre te hará crecer.

Si me sitúo suficientemente en el PACÁ, la confianza adoptará su verdadera naturaleza y se convertirá en un aliado.

Esto se verá muy favorecido si adoptamos una visión de la vida como algo dinámico, un fluir continuo que se da en nuestro interior y en del resto de los seres vivos. A cada momento cambia y, por tanto, no se puede acotar desde una idea en nuestra mente. Identifica y cuestiona la idea fija o “foto fija” que tiene tu mente acerca de tí, de las demás personas y de la vida en sí.

¿Desde dónde me estoy viendo, sintiendo y tratando, desde el amor y el acogimiento o desde el miedo y el juicio?

Date cuenta de los juicios que, sobre ti, emite tu mente. Pareciera que no tienes derecho, que no eres una persona digna de ser acogida amorosamente. Cuestiona ese juicio que es emitido desde tu limitada mente inconsciente y primaria… ¿Es esto verdad? ¿Cómo es que yo no tengo derecho a acogerme amorosamente?

Y observa otro error de tu mente, que cree que necesita de alguien externo para que fluya en ti la energía amorosa.

Me contemplo como el ser vivo que soy, complejo, con muchos niveles y dimensiones, hago presente a mi niñx interior, a mis partes más vulnerables y las acojo y abrazo.

Me acojo con la posición de mis manos en mi pecho, sentiéndome y aceptándome, sin juicios, sin condiciones, para situarme en ese espacio de acogimiento, cariño, cercanía y calidez internas. No hay razón, ni la busco, para permitirme acogerme. Es mi estado natural, en el que yo me acojo y a partir de ahí puedo acoger al resto de personas.

Sí, soy vulnerable. Como todo ser vivo. Y esto no es ningún problema. Sólo lo ve así mi mente, en su búsqueda irreal de una falsa seguridad que nunca llega. La verdadera seguridad está en aceptarnos así, como parte de la vida… A donde la vida nos lleve.

Por último, reafírmate en el AHORA. No es que el pasado no exista, no es que el futuro no vaya a llegar nunca, simplemente, es que todo cambia si tú cambias tu actitud y posición en este momento, Ahora.

Todo esto es una cuestión práctica, de sentido común. Muéstrale esta verdad a tu mente. Ah, y no te olvides de huir de cualquier tipo de búsqueda de la perfección, también en cuanto a la actitud básica. No se trata de que tengas la actitud perfecta, sino de que te vayas ejercitando en la actitud adecuada.

Sitúate en el momento presente y Vente PACÁ. Estás en el Yo-Experiencia y abierta/o a tu Centro.

Lo mejor y lo peor, en mí

Ayer hablábamos de que todo está en nosotrxs, todo lo mejor y todo lo peor está en cada una de las personas, por el hecho de serlo. No podría ser de otra manera, somos seres humanos.

Ahora bien, hoy toca ahondar en qué causas concretas o qué condiciones hacen que aparezcan unas u otras respuestas en nuestra mente. Podemos establecer un principio general: en la medida que la mente se encuentre en un estado sano, de seguridad y tranquilidad, de conexión consigo misma, con las energías básicas fluyendo adecuadamente y con una estructura mental sana, funcionará mucho mejor, desde la confianza, el amor, la comprensión adecuadas y, por tanto, la compasión.

Dicho en terminología de Blay, en la medida que nos acerquemos a nuestro Centro y estemos en conexión con nuestros 3 Focos, nuestras Respuestas serán las más óptimas.

Lógicamente, las respuestas que emita esta mente en situación saludable, se producirán desde referentes internos más positivos: desde la confianza, la alegría, la fuerza, la cercanía, el cariño, solidaridad y amor. Esta es la situación a la que, comúnmente nos referimos cuando afirmamos que “todo fluye” adecuadamente.

Este es nuestro estado natural, en el que viviríamos de haber tenido una crianza sana y una transmisión cultural basada en valores igualmente positivos y, en consecuencia, unas experiencias de vida que habrán reforzado todo esto.

Pero, lamentablemente, no suelen ser los casos más habituales. En nuestra sociedad actual, la crianza no suele ser la adecuada, sino más bien, llena de carencias afectivas y vitales. Los valores sociales transmitidos tampoco son, a menudo, los más positivos e inclusivos. Y, consecuentemente, las experiencias de vida han confirmado este estado carencial previo, que nos lleva a ver el mundo desde una individualidad excluyente.

Por diversas circunstancias, que tienen mucho que ver con nuestro nivel de desarrollo como sociedad, no hemos podido aprender a vivir encajadxs en nuestras energías base, tanto vitales como afectivas. Además, está la creencia, errónea y generalizada, de que estas energías necesitan para su activación y fluir, de algo externo que las genere. Desde esta Idea Aceptada, hemos renunciado a nuestra libertad, a la capacidad individual para gestionar y determinar nuestros estados energéticos y lo hemos puesto en el exterior. A partir de ahi, vamos por la vida, esperando y pidiendo, a veces mendigando, que algo externo nos aporte confianza, seguridad, intensidad vital, consideración, valía, amor…

Todo esto ha hecho que nuestra mente no haya aprendido a vivir, comprender y gestionar las situaciones de inseguridad y desubicación de manera adecuada. Más bien, en la mayoría de los casos, se han instalado en nuestro Inconsciente nociones-imágenes profundas pero inconcretas de “los horrores” que nos pueden pasar y ante los que tenemos escasa capacidad de afrontamiento positivo.

En este estado, nuestra mente es muy vulnerable, por ejemplo, al miedo, al miedo provocado por un estado de inseguridad vital o afectiva. Recordemos que este estado de inseguridad es el resultado de un juicio en el que la mente evalúa o compara lo exterior (peligro) con lo interno (capacidad de afrontarlo) con un resultado negativo.

Las energías que se derivan de estos estados son muy alteradoras. Están hechas, evolutivamente hablando, para eso: cuando aparecía el peligro, el mensaje de miedo emitido tenía que ser rápido y contundente. Tenía que tener la capacidad de eliminar, inmediatamente, cualquier otro estado. Y así lo hace. El miedo, por ejemplo, tapona fácilmente las energías vitales y afectivas más positivas.

Podemos observar cómo nuestro estado energético base (hablaremos de ello en próximos artículos) determina directamente el estado y las respuestas de nuestro inconsciente que, a su vez, determina el estado y respuestas de nuestro consciente. Es una cadena que, para mayor complejidad, no funciona sólo en un sentido, sino que todos los elementos interactúan entre sí.

Llevado a la práctica, cuando nuestra mente emita respuestas alteradas que podrían ser externamente calificadas de egoístas, violentas o malvadas, podemos preguntarnos, por ejemplo, qué inseguridad-miedo, dolor-rencor, carencia, deseo-rechazo, creencia, juicio, etc., está funcionando como causante profundo de tales respuestas.

También podremos observar cómo, cuando nuestra mente se encaja en sí envuelta en energías base como la confianza y el amor, sus respuestas son mucho más positivas, constructivas, solidarias y empáticas. Tenemos más capacidad de meternos en “la piel” de las otras personas.

Lo peor y lo mejor del Ser Humano.

En estos días de crisis y excepcionalidad, estamos viendo todo tipo de comportamientos. Al igual que los tiempos, estos comportamientos son extremos: aparecen conductas que vivimos como heroicas y, a la vez, otras que nos parecen los mayores egoísmos. Nos dicen que, en tiempos extremos, siempre aparece lo mejor y lo peor del ser humano. ¿Es eso así? ¿Qué es eso de lo mejor y lo peor del ser humano? ¿Desde qué perspectiva se afirma esto?

Sin duda, desde una visión ética o moral de la vida. Y, lo cierto, es que la necesitamos. Necesitamos unas reglas de con-vivencia que nos permita relacionarnos adecuadamente unas personas con otras. Desde esta perspectiva, sí cabe nombrar determinadas conductas como las mejores o las peores. Eso sí, siempre aplicando unos determinados criterios (que no siempre son comunes) en estos juicios morales.

Pero, desde el punto de vista del trabajo de Autorrealización, y mucho menos si de lo que hablamos es de actividad interna y no de acciones sobre otras personas, no cabe ningún tipo de juicio ético o moral. La libertad ha de ser total o, al menos, debe de estar al mismo nivel que la conciencia sobre esa actividad interna.

Explicaba Blay, refiriéndose a este mismo tema, que en el ser humano se pueden distinguir 3 niveles de funcionamiento:

– Un nivel básico o primario, es el llamado nivel de la supervivencia o ley de la selva. Aquí, la mente mira por sí misma por encima de cualquier otro tipo de criterios. La propia supervivencia está por encima de todo y la ley que impera es la “ley del más fuerte”.

– Un segundo nivel que es el de la justicia social y la ley de “a cada cuál según lo que aporta”. En este tipo de relaciones, la individualidad ya no es absoluta y sí que importan los demás. No obstante, se mide el valor de cada persona y se actúa en consecuencia.

– Y un tercer nivel que es el del altruismo, el de la solidaridad y el valor máximo a lo que es un ser humano, que se aplica a cada persona, independientemente de cualquier otro tipo de circunstancias. Las sociedades regidas por estos principios, dan apoyo a sus miembros, solidarizándose con los más necesitados y garantizando una situación de derechos y bienestar básicos.

Y estos mismos 3 niveles de funcionamiento, no sólo se reflejan en nuestras sociedades, a nivel histórico pero también en la actualidad según qué países, sino que, sobre todo, se encuentran en el interior de la mente de todas y cada una de las personas.

Según un conjunto de factores que van desde la crianza y transmisión recibidas hasta la propia variabilidad individual, en algunas personas prevalece más el nivel primario y en otras alguno de los otros, pero todos los niveles están presentes e interactúan entre sí.

El nivel primario es más propio, en general, de nuestra mente inconsciente, nuestrx Niñx Interior. Se dice, habitualmente, que nuestrx Niñx puede ser muy egoísta y egocéntrico. Y así es. Esto forma parte de nuestra naturaleza mamífera. Mi perro, por ejemplo, del que todo el mundo dice que es muy “bueno” no tendrá ningún inconveniente en acabar con toda la comida y dejar a otro con hambre o, si coincide, en perseguir a otro mamífero (en este caso felino) si alguno aparece por las cercanías.

Los otros dos niveles implican una mayor interacción con zonas de la mente más externas y de desarrollo evolutivo posterior que nuestro núcleo primario o mamífero. Aparecen ideas y valores construidos socialmente.

Sin embargo, nuestrx Niñx, a menudo, también nos emitirá respuestas de ayuda y solidaridad hacia otras personas. Pero sus condiciones de funcionamiento son diferentes y, por lo general, para que esta respuesta se produzca, ha de darse una conexión directa con la situación de desgracia o la persona afectada. Por ejemplo, aquí nos encontramos con personas muy comprometidas en la ayuda a personas de su entorno, familia y demás, pero que no sienten lo mismo con personas de ámbitos más alejado.

Otro factor a tener en cuenta es que, como siempre, la respuesta también depende del estado de esx Niñx. Y cuando la inseguridad y el miedo se han apoderado de la mente, las respuestas suelen ir más en la línea del egoísmo y el sálvese quien pueda.

Nos toca mantener una actitud abierta ante todo esto. Aceptando la situación sin juicios ético-morales que sólo consiguen distorsionar nuestra comprensión. Aceptando que en nosotrxs como seres humanos que somos, está todo: el altruismo y el egoísmo, la bondad y la maldad, el amor y la violencia… Todo. No podría ser de otra manera ¡Afortunadamente!.

Esta posición de inteligente Aceptación nos permitirá comprender mejor y utilizar estas 3 diferentes dimensiones de funcionamiento para nuestro crecimiento. Por ejemplo, a veces la mente necesitará situarse en una posición u otra para verse y experimentarse a sí misma en ese lugar. Lo permitimos desde la consciencia de lo que está ocurriendo, porque si cortamos estos movimientos internos a la primera de cambio con juicios morales, estos necesarios procesos internos no de darán.

Exteriormente, sí procuraremos que nuestros actos se nutran de solidaridad, compasión, bondad, amor, consideración, altruismo y ayuda, etc. Esto ayudará a otras personas y nos ayudará a nosotrxs mismxs. Y, cuando no sea así, también habremos de comprender que somos personas y que hacemos, a cada momento, lo que podemos.

Y, para terminar, un último consejo: Sé muy prudente con los juicios que tu mente emite sobre las conductas de otras personas. No te dejes llevar por juicios fáciles, rápidos y demoledores hacia los demás. Además de que pueden ser profundamente injusto y erróneos, más temprano que tarde, este mecanismo se volverá contra ti, porque tu mente aprenderá a emplearlos consigo misma y su actividad.