La observación. Técnicas y herramientas avanzadas.

En el proceso de ejercitamiento de la observación y en la natural maduración que conlleva, van apareciendo algunos instrumentos de gestión que favorecen la comprensión y, más allá, la paulatina desidentificación con respecto a la actividad de nuestra mente y también con respecto al cuerpo.

Pero antes de entrar en nuevas técnicas, hay que recordar que la clave de una buena observación en la posición interna de compromiso con la verdad que se ha de convertir en una curiosidad cuasi-científica por comprender lo que está ocurriendo. Y hacerlo con la mayor concreción posible. No han de valernos ambigüedades. Y, por supuesto, el PACÁ, la actitud adecuada, que es el complemento necesario para una correcta observación.

Especial atención, en este punto, a los mecanismos automáticos (Hábitos) de cierre o rechazo que son tan antiguos en nuestra mente que apenas podemos identificarlos. Cuando la mente cree que no va a poder acometer algo y que le va a provocar mucho sufrimiento, puede generar un mecanismo para no verlo.

En primer lugar, trataremos el uso de nuestra capacidad de razonamiento. Como ya se ha dicho anteriormente, esta capacidad ha de ser utilizada siempre de manera auxiliar. Es un buen complemento a nuestra actitud base de apertura curiosa y rigurosa a la realidad de lo que está ocurriendo en nuestro interior y en el exterior. Se plasma, fundamentalmente, en el hilo de pensamiento y en los escenarios internos que genera nuestra mente a partir de ahí.

En el devenir de nuestro pensamiento, utilizamos el razonamiento lógico, que incluye funciones lógicas como son la comparación, la deducción y la inducción.

Cuando podemos comparar dos escenarios o situaciones diferentes, adquirimos una profundidad de campo que amplia el potencial de comprensión. Podemos comparar el mismo objeto de observación tras los cambios que se producen con el paso del tiempo, es decir, comparamos la misma situación en dos momentos distintos. También podemos comparar las Respuestas que emite nuestra mente en dos escenarios relacionales diferentes, por ejemplo en nuestra familia y en nuestro entorno laboral.

Y también podemos utilizar la fantasía, una función por la que tenemos la capacidad de generación de escenarios figurados. Aquí aprovechamos la dificultad que tiene nuestro Inconsciente para diferenciar la realidad de la ficción. Esto es lo que permite que disfrutemos plenamente en el cine o el teatro. Si usamos esta limitación de nuestro Inconsciente, que tanto sufrimiento nos provoca en el día a día, a nuestra conveniencia, podemos generar escenarios internos figurados que nos permitan observar qué Respuestas emite nuestra mente Inconsciente ante ese escenario. Esto nos aportará mucha información.

Volviendo a la comparación, utilizamos la fantasía para poder comparar las respuestas o reacciones de nuestra mente ante la realidad que creemos estar viviendo, con las que emite ante esas situaciones imaginadas.

También se potencia nuestra capacidad de comprensión cuando empezamos a poder diferenciar entre las respuestas emitidas por nuestro Consciente de las emitidas por nuestro Inconsciente.

Con respecto a las otras dos funciones del razonamiento lógico, la inducción y la deducción, cabe decir que los resultados que nos reporten, hemos de tomarlos sólo como hipótesis de trabajo. Nunca como realidades concluyentes. Este último nivel ha de estar reservado a las evidencias, que son verdades contundentes que se muestran a nuestra mente y sobre las que percibimos que no cabe duda alguna.

En cualquier caso, es muy adecuado acostumbrarnos a cuestionar siempre los resultados de nuestra observación. Todo va cambiando continuamente, todo va madurando y lo que hoy creemos que es de una manera, mañana podemos verlo de otra. Hay que procurar no convertirnos en esclavos/as de las comprensiones que realiza nuestra mente. Una buena pregunta que podemos hacernos es ¿De verdad esto es así?

En general, observaremos el devenir de nuestro hilo de pensamiento y los escenarios que genera. Miraremos qué desea y qué rechaza nuestra mente a través de ellos, también cuáles son las creencias o Ideas Aceptadas que lo están determinando. Y los juicios que emite, con especial atención a los criterios que se están utilizando en ellos. Y, por supuesto, las respuestas que emite nuestra mente ante todo esto.

Por debajo del nivel del pensamiento e ideas

Hay todo un mundo por descubrir bajo el nivel cognitivo-lógico de nuestra mente consciente. De hecho, esta dimensión no es más que la punta de un iceberg. Hay más realidad debajo del pensamiento que en su seno. Los principales elementos que nos vamos a encontrar, son:

– El fluir de las energías básicas.

– Sentires: emociones, sentimientos y sensaciones (tanto corporales como psíquicas).

– Nuestx Niñx Interior: su estado y sus respuestas.

– La Consciencia global e integradora.

– Una inteligencia primaria a nivel Inconsciente (que es mucho menos concreta y verbal que la Consciente). Genera deseos y rechazos, juicios, interpretaciones, un determinado afrontamiento (actitud), etc. Y una sabiduría profunda.

– La noción de YO y la Presencia de mí.

– Y cuando vamos asentando este espacio, aparece también una sensación de conexión y apertura a “algo” que está más allá del mundo que conocíamos desde nuestro Consciente. También irá apareciendo una conexión energética con todos los seres vivos y la naturaleza.

Para acceder a este nivel, contamos con técnicas como son la respiración y relajación, la meditación, el trabajo directo con el cuerpo (estiramientos conscientes, yoga, etc.), el ejercicio físico. También ayudan mucho el PACÁ y la maduración de la observación hacia una observación central e integradora.

Trataremos este tema más detenidamente en otra ocasión.

Y si me pierdo… ¿Qué hago?

Todas las personas pasamos por momentos de pérdida. Situaciones en las que nuestra mente entra en un estado de desorientación donde parece que todo se difumina, que se olvida todo lo aprendido y una espesa niebla se cierne sobre nuestra mirada.

La mente teme mucho estos momentos. Se siente desubicada y sin referentes. El consciente no puede ejercer su función habitual de control y esto hace que aparezca mucha alteración y malestar. Hay un rechazo y huida de estos momentos.

Pero, justamente, son momentos especialmente fructíferos. Cuando se vienen abajo los referentes de la mente, todo un mundo de posibilidades se abre. Así pues, hemos de hacer un esfuerzo para que no se produzca este temor y rechazo en nuestra mente.

Este estado de nuestra mente es especialmente propiciatorio para la aparición de la presencia de mí ante mi mente y el exterior. Y facilita, además, situarnos en el aquí y el ahora. Pero, para ello, es necesario mantener la calma y no permitir que nos arrastre la respuesta de miedo y ansiedad. Sé tú, date cuenta de ti, en esta situación. Aprovéchala. Pronto pasará y volverán las estructuras mentales que nos limitan.

La Observación mantenida y Central. Efectos y algunos peligros

La observación mantenida va a ser una herramienta muy utilizada en el proceso de Autorrealización. Nuestra mente posee una poderosa cualidad: si mantenemos la observación-atención (haciéndolo de la manera adecuada) sobre cualquier objeto (emoción, pensamiento, problema concreto, etc.) poco a poco, va apareciendo la esencia de ese objeto, la verdad que hay debajo y le da energía para que exista como tal en nuestra mente.

Esto rompe con la idea habitual que tenemos de que es preciso “pensar mucho” sobre algo para resolverlo. El proceso real es muy diferente: manteniendo la atención irá apareciendo la verdad. En este proceso, el pensamiento y razonamientos sólo los utilizamos secundariamente, bien para incorporar una nueva certeza que ha aparecido, bien para dejarla funcionar de forma concreta y controlada si nos interesa en ese momento, para ver qué ocurre en el proceso de pensamiento-razonamiento.

En realidad, estamos hablando de un proceso de aprendizaje y funciona bajo los mismos principios generales que el aprendizaje. Usaremos dos ejemplos para verlo mejor:

Situación a) Aparece una nueva persona en nuestra vida, por ejemplo, en nuestro lugar de trabajo… Si nos dedicamos a observarla, sin tener siquiera que hablar con ella, poco a poco iremos aprendiendo más sobre ella. Llegará el día en que la conoceremos muy bien, sabremos de sus gestos, sus conductas, reacciones, etc.

Situación b) Nos vamos a vivir a otro lugar, con características muy diferentes del lugar en que vivimos actualmente (por ejemplo, nos vamos de la ciudad al campo o de un país a otro)… Al principio todo es nuevo y nos parece muy difícil todo. Nos cuesta mucho trabajo quedarnos e interiorizar todos los datos que recibimos del nuevo espacio que estamos conociendo… Pero luego, poco a poco, todo va encajando. Conocemos más cosas y los nuevos hechos o datos, los podemos encajar mejor…

En ambos casos estamos hablando de un proceso que no puede acelerarse. Nuestra mente necesita de este tiempo, de ese proceso, de ese ir elaborando poco a poco el marco o contexto adecuado para conocer el nuevo espacio o realidad. Así funciona el aprendizaje.

La observación mantenida no implica que focalicemos nuestra atención exclusivamente en ese objeto. A la par que miramos ese objeto, mantenemos la atención global.

La observación también nos facilita la conexión con nuestro centro. ¿Quién observa? ¿Desde dónde observo?

Atención a quién/qué observa… Desde luego, al principio, es desde el Consciente. No hay otra manera. Pero la parte de la mente que observa comienza a estar “liberada” de condicionamiento.

Esto es un proceso lento y paulatino. Al principio puede ocurrir que se de un fenómeno de “doble personalidad”, es decir, que aparezca otro yo (mental) que es quien observa. Lo miramos también y poco a poco se irá diluyendo. Hemos de evitar hacernos una idea concreta acerca de este centro, pues cualquier idea que tengamos será limitativa e impedirá su crecimiento.

Poco a poco se irá creando una consciencia en nosotras/os de la existencia de un punto central desde el cual se observa. Al principio, necesariamente, nuestra mente le asignará cualidades “personales” y mantendrá una actitud determinada de observación. Miramos esto también para que vaya diluyéndose.

Hemos de ir acostumbrándonos a decir cosas como: A mi mente le está costando trabajo asumir tal o cual cosa, o tal o cual cambio/proceso… ¡No a mi, a mi mente!

En el proceso de desidentificación de lo que no somos, que es lento y con altibajos, hemos de ayudar a nuestra mente, mostrándole cariñosa y reiteradamente la Realidad. Y la realidad es que ella es una parte más de lo que soy, no es el centro. He de ir desidentificándome de mi mente y de los diferentes sistemas y mecanismos que la componen.

Así pues, la observación, además de permitirme abrirme a la verdad y conocer la realidad de lo que hay en mí y en el mundo, tiene otra consecuencia relevante: va permitiendo que se vaya dando un acercamiento hacia lo que soy en realidad, facilita que vaya apareciendo una conciencia de quién/qué observa y se vaya produciendo una mayor y mejor conexión con mi esencia o SER.

Algunos peligros o las desviaciones más comunes que se dan

Suele surgir una sensación de desconsuelo y angustia ante la evidencia, que va apareciendo, de lo que hasta ahora hemos sido: un personaje huyendo de lo que cree ser y en busca desesperada de un ideal.

Ante esto es muy importante que tomemos conciencia de que, simplemente, lo que está apareciendo es el resultado de una mente que ha funcionado toda la vida sin el conocimiento necesario de lo que es en realidad. A partir de ahí, los diferentes sistemas mentales han “malfuncionado” y se han aprestado a defenderse de los peligros que identificaban en cada momento.

Y, como resultado de todo ello, en nuestra mente está presente todo lo que vemos a nuestro alrededor: la maldad y la bondad, el egoísmo y el altruismo, la violencia y la paz… No podría ser de otra manera y, ante esto, el problema se genera porque hay una estructura mental (personaje-ego) que necesita mantener una autoimagen. Miramos esto.

En este punto es importante recordar que, en el ser humano, no hay cualidades negativas. Por ejemplo, la violencia no es más que una manifestación de nuestra energía-fuerza que está distorsionada (por ideas aceptadas y emociones). Nuestro egoísmo no es más que la pretensión de nuestro ego-personaje de asegurarse algo que considera importante para su supervivencia o bienestar… Lo observamos y vamos desentrañando lo que hay debajo.

Hemos de observarlo todo con la misma mirada y actitud: lo que nos produce bienestar y lo que nos produce malestar, lo que está de acuerdo con nuestro ideal de lo que somos o queremos ser y lo que está en desacuerdo. Todo por igual, pues todo esto no son más que indicaciones de cuál es nuestro camino, de qué cosas hemos de trabajar. Me abro de par en par ante mi egocentrismo y miro qué hay debajo.

Sin juicios morales que aquí no sirven para nada, sólo para distorsionar nuestra mirada. Miraremos con compasión todo aquello que vaya apareciendo.

Otro factor distorsionador que suele aparecer es ver todo lo negativo y no prestar atención suficiente a lo positivo: Al principio nos desborda la cantidad de cosas que vemos, nuestro yo-idea, nuestro yo-ideal y el personaje. Aparece todo aquello de lo que llevamos años huyendo.

Es importante hacer esta labor de limpieza que incluye, además de lo que nos ha producido malestar, aquello a lo que nos hemos agarrado-apegado para compensar todo eso con bienestar. Pero es también muy importante que prestemos atención a todo ese nuevo mundo que aparece en nosotros/as. Nuevo sólo por inhabitual o inconsciente porque siempre ha estado ahí.

Especial importancia tiene prestar atención a los espacios de conciencia que aparecen a partir del centro desde el que observamos. También a las, cada vez, más frecuentes e intensas manifestaciones de nuestro SER profundo que poco a poco vamos a ir percibiendo. Y a la alegría que esas conexiones nos van a producir y, sobre todo, a la propia situación de ir acercándonos a esos focos de alegría-paz-lucidez que estamos fomentando.

Las resistencias: suelen aparecer resistencias de la mente a seguir siendo observada, a permitir que siga apareciendo todo aquello de lo que siempre ha huido. Se pueden dar en forma de malestar, rechazo, desgana, inseguridad u otro tipo de alteraciones.

Por último, indicar el peligro de empoderarme o etiquetarme como buscador/a espiritual y, aún más, asumir cierta superioridad por ello con respecto a la gente “normal” que no sabe de esto.

Nuevamente es mi personaje-ego quien está utilizando la nueva situación para hacer lo que siempre ha hecho: usarla para garantizar su seguridad y supervivencia. Esto produce lo que podríamos denominar un “superpersonaje” o, dicho de otro modo, una nueva estructura mental artificial con ideas acerca de mí y de lo que soy.

Si aparece, lo observamos, vemos sus raíces y vamos diluyéndolo.

La observación. Esquema general

La observación es la base de todo el proceso de Autorrealización. Es la herramienta que utilizamos para darnos cuenta, para tomar conciencia y comprender la Realidad de lo que somos y de lo que nos está ocurriendo. Esto es fundamental para poder iniciar el proceso de cambio.

Pero para que esta potentísima herramienta funcione y cumpla con todo lo que nos puede aportar, hemos de aprender a gestionarla adecuadamente. No nos sirve cualquier tipo de observación.

Lo primero es definirla y concretarla bien. Llamamos observación a un proceso o acción en la que activamos parte de nuestras funciones mentales con el objetivo de comprender mejor. Sus elementos más destacados son: la atención, la percepción, la retención o memoria y ya en la última fase de elaboración de conocimiento, la creatividad y la comprensión.

Para esa elaboración e integración de nuevo conocimiento, una de las herramientas más predominantes y conocidas, es el pensamiento. Como tal herramienta, es potentísima. Tanto, que en nuestra cultura, ha eclipsado a las demás y, más allá de eso, ha provocado un error gravísimo: la identificación con nuestro pensamiento.

Lo usaremos como herramienta auxiliar, pero evitaremos basar excesivamente nuestro proceso de comprensión en el pensamiento y los escenarios mentales que crea nuestra mente. Con el tiempo nos vendrá la evidencia, la comprensión, de que no son suficientemente fiables como para protagonizar el cambio de paradigma que buscamos; la profunda comprensión de cómo funciona nuestra mente y, consiguientemente, de lo que somos en realidad. Por ello, recibiremos su actividad y la incluiremos en nuestro objeto de observación, como un elemento más. A menudo, habremos de preguntarnos ¿Por qué y Para qué se está produciendo este pensamiento?

Observar adecuadamente conlleva, además, una actitud de base: posición y disposición. Una posición que se aleje del mundo de las ideas que ha construido mi mente sobre mí y que se acerque a la curiosidad por saber lo que está ocurriendo en mí, alejándose en lo posible, que al principio del proceso de observación no es mucho, del entramado de ideas que ha construido la mente.

Aprender a observar es un proceso. Y se aprende observando, ejercitando nuestra mente en esa actitud profunda y en esa posición de perspectiva con respecto a la actividad de nuestra mente. Al principio, mil y una veces nos daremos cuenta de que hemos dejado de observar. Si ante eso permitimos que nuestra respuesta sea de juicio y tensión, este proceso de aprendizaje tardará más en dar sus frutos. En cambio, si sonreímos y volvemos tranquilamente al punto de observación, cada ida y vuelta será un peldaño añadido en nuestro proceso de aprendizaje.

En la práctica, es muy habitual que al principio acometa a la persona una sensación de no estar haciéndolo bien, de no estar observando adecuadamente. La mente se impacienta y quiere acelerar el proceso aplicando una autoexigencia. Habremos de prestar atención a este síntoma que nos puede llevar a la frustración y al abandono.

Aprender a observar, pues, implica un proceso de aprendizaje profundo. Y, como tal, necesita de un cambio de hábitos y de actitudes en nuestra mente, tanto en el nivel más externo o racional y consciente, como en el nivel más interno o inconsciente. Y, como todos los aprendizajes profundos, es lento y discontinuo.

Tal es la fuerza del hábito de nuestra mente de dejarse llevar por los escenarios mentales (las “películas” que genera nuestra mente haciendo alusión, más o menos correcta, a la realidad), que no podemos esperar que el nuevo hábito de observar objetivamente para comprender, se instaure fácilmente. En la práctica, las personas suelen tardar meses en incorporar un nuevo hábito que conlleve una observación objetiva.

Tan lento que puede, a veces, desesperarnos… ¡Otra vez se me ha escapado! Ante esto procuramos no generar tensión interna. Especial atención a los auto-juicios. Al contrario, sonreímos y volvemos a la observación, quizás, ayudándonos del Vente PACÁ. Mucha Paciencia, Aceptación, Confianza y Acogida Amorosa, hacia nuestro propio proceso de cambio y desarrollo.

Esta mención a la actitud adecuada, el PACÁ, no es casualidad. Ambas herramientas, la observación y la actitud, conforman el binomio clave para nuestro desarrollo. Observar desde una actitud adecuada es la posición ideal para favorecer la comprensión y crecimiento.

Cabe remarcar también la atención. Disponemos de la capacidad para dirigir nuestra atención a donde decidamos. Puede ser a un foco concreto (cualquier objeto mental, corporal u externo) o mantener una atención global, ampliada a todo o a varios objetos.

Es conveniente aclarar que lo que aquí se plantea es una situación “ideal” de observación. No obstante, lo importante es observar y hacerlo como podamos, sin obsesionarnos por hacerlo de la manera más correcta. Poco a poco (esto es cuestión de ejercitamiento) la iremos mejorando.

Este es un principio aplicable a todo nuestro proceso de Autorrealización: No nos obsesionemos con hacer las cosas de manera perfecta pues, fácilmente, colapsaremos y abandonaremos todo el trabajo. Lo importante es ejercitarnos y ya iremos mejorando nuestras habilidades poco a poco.

Los principios generales aplicables a la observación, son:

  • Sin juicio. No es un examen ético o moral. No debe haber examen pues esto implica una comparación con un “deber ser” y, además, nos distorsiona la mirada, nos corta la conexión.
  • Sin pensamiento. Si entramos en pensamiento perdemos el punto central de observación. Dejamos de observar y empezamos a intentar “resolver” el problema.
  • Sin deseos o rechazos,ni objetivos concretos, pues esto también nos distorsionará la mirada. El único objetivo válido es conocer la verdad pues en esa verdad encontramos lo que buscamos, nuestro SER.
  • Sin ideas previas sobre cómo deben ser las cosas. Huyendo de cualquier tipo de “modelo”.
  • Preguntándonos por qué, para qué y cómo, pero sin permitir que a estas preguntas siga un pensamiento. Se hacen sólo para establecer el marco de nuestra observación.
  • Se observa todo y siempre empezamos por lo que ahora aparece en mi mente.
  • Mantengo la misma mirada limpia ante todas las cosas, independientemente de que me produzcan bienestar o malestar. Son síntomas igualmente. Aprovecho todo para conocer más. Así pues, cuido especialmente la actitud desde la que observo.

¿Observación sin juicio, sin deseos y sin pensamiento?

Es conveniente matizar esto. Durante una larga fase del proceso, no es que no haya pensamiento, juicio o deseos, lo que se va produciendo es un cambio radical en la concepción y funcionamiento de estos sistemas

Pasamos de una situación de desconocimiento e “ingobernabilidad” de nuestros pensamientos, deseos, emociones y juicios a otra en la que tomamos conciencia del funcionamiento de estos sistemas mentales y vamos, poco a poco, aprendiendo a gestionarlos en nuestro beneficio. Los utilizaremos para saber más, para conocer “qué hay ahí”, qué hay debajo de lo que observamos. Y, a nuestra conveniencia, los pararemos. Ya no nos identificamos con ellos, los tratamos como lo que son: sistemas que nos aportan información de lo que hay.

Así pues, lo que hacemos es que incorporamos los juicios, deseos, pensamientos, emociones, etc., al objeto de observación, utilizándolos como fuente valiosísima de información sobre cómo funciona la mente.

Meditación: Yo ante mi mente y su actividad.

Seguimos con ejercicios que nos ayuden en nuestra práctica. Hoy toca una meditación y una respiración-relajación.

La meditación se denomina “Actitud ante mi mente”. Va dirigida a ayudarnos a desarrollar una actitud, no ya sólo ante una situación concreta, no ya sólo hacia una actividad concreta de nuestra mente, sino una actitud ante nuestra mente en su globalidad. Nos ayudará mucho en nuestra tarea de gestión de la mente y su actividad y también, lo que es muy importante, nuestro proceso de desidentificación.

La respiración-relajación se denomina “Estar en mí, acogerme y, desde ahí, recibir la actividad de mi mente”. Bueno, yo creo que con el título está suficientemente explicada.

Espero que os sirvan.

Meditación: Actitud ante mi mente
Respiración-relajación: Estar en mí, acogerme, y desde ahí, recibir la actividad de mi mente.

Meditación: La Presencia de mí.

Después de varios días de cierta densidad en los contenidos tratados, hoy nos toca algo de práctica. Se trata de una meditación dirigida a identificar y favorecer la Presencia de mí, ante la actividad de mi mente y el exterior.

La total identificación con la actividad de nuestra mente y, a la vez, la falta de perspectiva de ésta en sus relaciones con el exterior, ha provocado que vivamos ausentes de nuestra propia presencia, como si no hubiese nada sustancial en nuestro interior.

Lo podemos imaginar como una situación en la que miramos al exterior desde una ventana. Lo podemos hacer con nuestra frente pegada a la ventana y las manos puestas como orejeras, ignorando además, lo que hay en el interior de la habitación.

Pero hay otra manera de asomarse o relacionarse con el exterior. Imagínate en el centro de un gran salón lleno de cosas valiosas y queridas por tí. Y, desde ahí, miras al exterior a través de unos grandes ventanales. Lo haces desde la conciencia plena de lo que hay en el interior.

Esta es una manera de visualizar el proceso de cambio que queremos favorecer en nuestra mente. Asentando la presencia interna de quien mira a través de la ventana.

Espero que os ayude.

Meditación: Presencia de mí.

Gestionando nuestro Estado de Ánimo (2). De la dependencia a la libertad

Nuestro estado de ánimo no tiene porqué depender de nada externo. No, al menos, como factor principal. Esto se hará posible, en la práctica, si estamos funcionando bien desde dentro, con una buena conexión con el fluir de nuestras energías básicas, un Inconsciente y Conscientes suficientemente sanos, una Consciencia global e integradora activa y presente y un cuerpo también suficientemente sano.

Este principio no implica que no aceptemos que lo exterior nos influye. Somos seres humanos y, por tanto, vulnerables, interdependientes y limitados. Aceptar esto nos colocará en una posición óptima para gestionar adecuadamente los eventos que nos llegan con el fluir de la vida. No aceptarlo, paradójicamente, nos hace más frágiles y vulnerables.

Siempre es desde dentro para afuera y no al revés, como hasta ahora, ha creído erróneamente nuestra mente. Y esta creencia nos ha esclavizado. Es el mismo principio que aplicamos a todo. Antes lo vimos, por ejemplo, con las energías básicas: la confianza y la afectividad-amor. Y ahora lo aplicamos a un nivel superior, al conjunto de las energías que circulan por nosotrxs y su gestión.

Este planteamiento nos sitúa en una posición de autonomía plena con respecto a los avatares de la vida y, también, nos lleva a una situación de plena responsabilidad. Somos responsables de nuestros estados.

Para asumir y gestionar correctamente esta responsabilidad necesitamos conocer cómo funcionamos y dedicar una parte de nuestro tiempo al correcto mantenimiento y gestión de nuestra mente y cuerpo. O, dicho de otra manera, dejar de vivir mirando fundamental o exclusivamente hacia fuera y mirar, principalmente, hacia dentro. Desde ahí, lo exterior lo podremos ver con la suficiente perspectiva.

No hacerlo sería tener una actitud infantil e irresponsable. Y, en la práctica, cuando tenemos el conocimiento necesario, no es ni mucho menos, tan complicado y difícil de conseguir, como pareciera.

Quizás lo parezca así porque, a diferencia con otras muchas materias significativamente menos importantes y trascendentes para nuestras vidas, nadie se ha preocupado de transmitirnos los conocimientos y habilidades necesarias para ello. Quizás, porque nadie sabía, realmente, como hacerlo. Afortunadamente, esto está cambiando.

Esquema de gestión de nuestro estado de ánimo

Partimos del principio anterior y también de el de la mínima intervención necesaria. Otro principio o ley que hemos de tener muy en cuenta es la forma en que se producen los aprendizajes y cambios en una mente humana.

Asimismo, ya se ha establecido la importancia de hacer una observación mantenida del conjunto de sistemas y funciones que intervienen en nuestro estado de ánimo, así como de mantener la actitud adecuada. Recuerda, mil y una veces tendrás que decirte: Vente PACÁ. Y sonríe, no te desesperes, porque cambiar aprendizajes tan profundos como los que arrastramos, lleva su tiempo.

A partir de aquí, estaremos en disposición de intervenir, de llevar a la práctica la gestión de nuestro estado de ánimo… de nuestra mente y, por tanto, de nuestra vida. Hacerlo conlleva la gestión de:

– Energías base: Asegurar una sana conexión y su correcto fluir y percepción. Adoptaremos también una actitud de apertura total a lo que está ocurriendo en nosotrxs. No cortamos ni rechazamos nada. Tampoco lo exaltamos. Pero lo permitimos todos y observamos su fluir. Es una situación que podría describirse como “surfear por nuestro fluir de energías”

– Inconsciente: Pasar de la negación, miedo, rechazo y represión a la acogida amorosa, la consideración y la confianza. Comprendiendo cuál es su estado y, por tanto, desde dónde emite sus Respuestas. Y comprendiendo que, habitualmente, son exageradas.

– Consciente: Del Yo-mental a un Yo-Experiencia que va madurando hasta conectarnos con el Yo-Central. Este Consciente habrá de hacer su trabajo que, entre otras cuestiones, conlleva un proceso de comprensión y concreción de la realidad.

– Yo-Central o Consciencia global e integradora: Facilitar y asentar su presencia. Si nuestro ejercitamiento tiene ya un cierto grado, podremos situarnos o, al menos, mantener intermitentemente, una conciencia global e integradora de lo que está ocurriendo y de mí (Presencia), el ser vivo que está aquí y ahora, dándose cuenta de todo esto y gestionándolo. En esta posición, nos conectaremos con nuestra sabiduría más profunda, lo cual facilitará enormemente el trabajo.

– Cuerpo: Hacerlo presente, interactuar con él, asegurando su correcto funcionamiento.

– Pensamientos, ideas y escenarios mentales que se crean. Pregúntate… ¿Por qué y para qué está generando mi mente esto?

– Sentires: Emociones, sentimientos y sensaciones.

– Deseos y rechazos.

– Sistema de juicios: Conocer su funcionamiento, lo que implican, los criterios que utiliza nuestra mente para emitirlos, de dónde provienen, etc. Y cuestionar todo esto.

– Sistema de referentes internos de mi mente sobre lo que es importante en la/mi vida y lo que no y, especialmente, sobre dónde realmente se juega este “partido”, en el exterior o en mi interior. Y lo haremos procurando distinguir entre Consciente e Inconsciente. Especial atención a los criterios que utiliza nuestra mente para enjuiciar qué es estar bien, qué es aprovechar suficientemente la vida y qué es crecer y desarrollarse. Esto nos conecta con la vital cuestión de respondernos a la pregunta de cuál es el sentido de nuestra vida. Su propósito y significado.

– Gestión del pasado, de nuestra historia de vida. Sanación de Situaciones Pendientes.

– Gestión del futuro. Las expectativas. Estilo de afrontamiento y visión.

– Gestión del Ahora. Un Ahora que debe ser integrador de futuro y pasado.

– Actitudes: Conforme vaya asentándose, podemos ampliar el PACÁ, incorporando una actitud interna hacia mi fluir de energías, que debe ser de total apertura y, asimismo, asegurar el mantenimiento de una actitud positiva y movilizadora, promoviendo y facilitando lo que nos hace crecer y nos aporta bienestar.

– Concretar nuestra relación con nosotrxs mismxs, las demás personas y la vida y la muerte.

– Gestión de las experiencias: Manteniendo una actitud correcta y contrastando, a cada momento, con la realidad. Preguntándonos cuál es la influencia real de tal o cual evento/input en nuestro estado de ánimo (y no movernos en las ideas que tiene nuestra mente sobre lo que va a ocurrir). ¿Es verdad o, en la práctica, en la vivencia directa del momento, no es tan bueno o tan malo como mi mente había imaginado?

¿Qué soy? ¿Qué Es? Estas son las preguntas clave a las que podremos ir respondiendo como resultado y recompensa que todo este trabajo.

Gestionando nuestro Estado de Ánimo (1). De la Reacción inconsciente a la Gestión consciente.

Abordamos hoy cómo podemos gestionar más adecuadamente nuestro estado de ánimo. Lo haremos aplicando el conocimiento y las herramientas que tenemos. En realidad, lo explicado aquí nos servirá como modelo sobre cómo gestionar nuestra mente. Como siempre, bajo un principio de mínima intervención necesaria.

Este principio lo aplicaremos a todo el trabajo pero, especialmente, a la hora de intervenir “quirúrgicamente” cortando o tapando alguna expresión o mecanismo, también cuando hagamos un trabajo de generación y movilización de energías. Pero no tanto para la observación, con la que el mayor cuidado que hemos de tener es, más bien, no entrar en obsesión por comprender, pues esto genera una tensión interna e impaciencia que nos dificultará el trabajo.

Habitualmente, y hasta que vamos adquiriendo un nivel de consciencia suficiente, la mente ha intentado cambiar los estados energéticos echado mano de objetos (externos o internos) que, presupone, le aportarán determinadas energías, más positivas y agradables. Por ejemplo, pensamientos que generen escenarios mentales agradables o, en lo externo, irnos de compras para compensar un bajón de energía. Otras veces, la gestión se ha dirigido a cortar o tapar situaciones externas o actividades de la mente que generasen un decaimiento de ese estado.

La mente, en su escasa comprensión del funcionamiento y composición de nuestro estado de ánimo, ha echado mano de lo más externo o superficial, lo que la ha obligado a intervenciones excesivas y/o contraproducentes.

Como en casi todos los casos, lo primero que hay que hacer para la gestión de nuestro estado de ánimo es comprenderlo bien, aplicando el conocimiento general que ya tenemos y la observación sistemática del funcionamiento concreto en nuestro caso. Habrá de ser una observación mantenida en el tiempo, con lo cual, se irá produciendo un paulatino proceso de comprensión cada vez más profunda y concreta a la vez que referenciado en la globalidad y también de desidentificación con respecto a lo observado.

Junto a la observación, será clave mantener la actitud adecuada. El PACÁ.

Aplicadas, en concreto, a nuestro estado de ánimo, estas dos herramientas nos permitirán iniciar un proceso de desidentificación con respecto a los estados energéticos que va adoptando nuestra mente y a las Respuestas emitidas tanto por nuestro Consciente como por nuestrx Niñx Interior. Puedes decirte: “No soy yo, es la actividad de mi mente”. Y es así. Asistimos a esos procesos mentales, podemos influir en ellos, pero en ningún caso, forman parte de lo que podemos considerar, esencialmente, Yo.

Para comprender bien el estado de ánimo nos ayudará el verlo o imaginarlo como el fluir de un líquido. Si imaginamos, por ejemplo, un caño de agua circular y perfecto, podremos comprender mejor que cualquier alteración en ese fluir de agua tiene que venir motivado por algún elemento que se está interponiendo. Esta figuración nos ayuda, además, a distinguir bien entre la energía que está fluyendo y los objetos que se interponen y alteran ese flujo.

¿Cómo se produce la resultante final de mi estado de ánimo, es decir, la interacción o mezcla de todas las energías y visiones que hay en mi mente?

Para responder concretamente a esta pregunta, hemos de comprender y tener en cuenta cómo funcionan e interactúan (reciben y responden) los diferentes elementos que componen nuestra mente-cuerpo.

– El estado energético base es determinante. Influirá en el resto de elementos y, a su vez, se verá influenciado por ellos y su funcionamiento.

– El Inconsciente: recibe estas energías de base y también el estado y visión del Consciente. Y responde en función de esto, de su estado previo, de su sistema de creencias (Ideas Aceptadas) que determinará la mayor o menos importancia que le dará a los eventos que reciba y, en función también, del nivel de consciencia que hayamos adquirido sobre su funcionamiento.

– El Consciente: Recibe a los dos elementos anteriores y responde también en función del estado previo y del sistema de creencias. Muy importante será el nivel de maduración del Yo-Experiencia y su capacidad para gestionar la situación, no identificándose con la actividad de la mente.

– El Yo-Central o Consciencia global e integradora (incluyendo consciencia de sí): Recibe ambos y sirve de sistema de amortiguación al aplicar el conocimiento global, relativizando todo en su justa medida y manteniendo los referentes y objetivos globales. Tendrá más o menos capacidad de hacer esto en función de su nivel de afianzamiento y presencia. Es decir, en función de la apertura que tengan Consciente e Inconsciente a su existencia e importancia y del ejercitamiento que hayamos hecho para ir basculando nuestra noción profunda de Yo, desde el Consciente y el Inconsciente hasta ese Yo Central.

– El cuerpo: reflejará fielmente el funcionamiento de nuestra mente y sus energías. Y, a la vez, emitirá su estado y energías que será recibido por la mente.

Elementos que determinan el nivel de influencia o cambio que un evento puede tener sobre nuestro estado de ánimo.

– El estado previo de la mente y, más en concreto, el estado de ánimo previo. En este punto, quizás lo más importante sea el nivel de solidez y concreción del sistema de referentes internos de la mente: Si nuestra mente tiene un sólido sistema de referentes “positivos”, el estado de ánimo será menos vulnerable al fluir de acontecimientos. Este sistema de referentes incluye, entre otros elementos, la autoimagen o noción de sí, los autojuicios, la concreción de los objetivos personales y el sentido de nuestra vida.

– La importancia que le asignen el Consciente y/o el Inconsciente. Ejemplo: jugar al ajedrez y ganar o perder una partida. Va desde muy poca importancia si no juego nunca al ajedrez y es una situación aislada, a muchísima, si aspiro a ser jugador profesional de ajedrez y a ser el mejor. Y, además, me valido en ello (mi mente ha proyectado en ganar o perder en el ajedrez, su seguridad, valía, bienestar, etc.).

– La intensidad del estímulo: No es lo mismo que mi mente viva el perder o ganar una partida, en medio de un gran estímulo como, por ejemplo, en un escenario con miles de espectadores o en una lánguida mañana de aburrimiento y la partida la juego con alguien con quien mi mente no se mide y no le asigna gran autoridad.

– Las previsibles consecuencias: Es la proyección hacia el futuro que le den el Consciente y el Inconsciente. Es es proceso dinámico en el que en cualquier momento puede aparecer una Idea Aceptada que haga acrecentar o disminuir su influencia. Habitualmente, si no se produce un evento de este tipo, la capacidad de influencia de un evento determinado irá disminuyendo paulatinamente.

Si todo esto se da y bien, la persona será mucho más resistente a los eventos negativos y su estado de ánimo se verá mucho menos alterado. Tendrá un buen sistema de amortiguación.

Pasará de un nivel que podríamos denominar como Reactivo e inconsciente, a otro de Gestión, una gestión consciente de la Recepción y de la Reacción.

El estado de ánimo

Vamos a utilizar una expresión y un concepto, comúnmente conocidos, para seguir avanzando en el aprendizaje de la gestión de nuestras energías. Nos va a servir para comprender mejor la interrelación entre nuestro estado energético de base y el Inconsciente, con la intervención también del Consciente y nuestra Consciencia global. Y su repercusión en el cuerpo.

El estado de ánimo es el estado energético resultante de la suma o confluencia de todas las energías que, en ese momento, está emitiendo la mente. Se refiere al estado o situación de nuestrx Niñx Interior y tiene, como consecuencia, una actitud profunda de esa zona de nuestra mente, lo que determina su funcionamiento y Respuestas. A, su vez, el Consciente se verá afectado en la medida y proporción en que nos identifiquemos con la actividad de nuestro Inconsciente. Conlleva, además, en el aspecto inteligencia, una visión o mirada determinada del sí mismx y hacia la vida en general.

Aunque se denomine como estado, lo cual hace referencia a una cierta permanencia o estabilidad, lo que es cierto, es necesario indicar que, en realidad, es un fluir de energías que están cambiando constantemente. Dependerá de la confluencia entre el estado previo y el continuo devenir de acontecimientos que nos llegan. Fundamentalmente, eventos (tanto internos como externos) y la interpretación que hace de ellos nuestra mente.

Pero necesitamos, para comprenderlo mejor y poder gestionarlo, concretar cuáles son los componentes de lo que llamamos estado de ánimo. Es decir, qué elementos lo conforman y determinan. Las principales son:

– Vitalidad, ganas de hacer, ser o vivir.

– Capacidad de lucha y resistencia.

– Impulso y creatividad.

– Alegría o Tristeza.

– Nivel de conexión con la energía afectivo-amorosa y el estado de ésta.

– Serenidad o excitación, intranquilidad, alteración, ansiedad, desencaje internos, etc.

– Predisposición a una visión más optimista o más pesimista.

– Actitud ante la recepción de los eventos que nos van viniendo (el devenir de la vida).

– Actitud interna de apertura o cierre y rechazo: tanto con respecto al exterior como al interior.

– Noción interna y profunda de mí, de las otras personas y de la vida.

– Percepción interna de las energías disponibles (estado energético base).

Nuestra mente está constantemente evaluando tanto el exterior como el interior y, especialmente, nuestra capacidad y posibilidades de afrontar todo eso. Y del resultado de esos juicios, se generan nuevas Ideas Aceptadas que, a su vez, producen energías que se irán sumando a las ya existentes, mezclándose y que darán como resultante final un estado energético que es lo que denominamos, nuestro estado de ánimo.

Cualquier situación vivida y cualquier actividad interna de nuestra mente, por ejemplo un pensamiento que nos lleve a un escenario mental, tendrán capacidad para influir en nuestro estado de ánimo. Su mayor o menor incidencia tendrá mucho que ver con el estado de ánimo previo y, sobre todo, con la asignación de mayor o menor importancia que le asigne nuestra mente.

Por ejemplo, si nos sucede un contratiempo en algo en lo que nuestra mente ha proyectado su valía o su seguridad, este hecho tendrá mucha capacidad para cambiar nuestro estado de ánimo. O si nuestra mente percibe una grave carencia de una determinada energía, por ejemplo, la confianza o la afectividad, cualquier hecho (externo o interno) que nos aleje o acerque a ellas, tendrá asimismo, una importante repercusión en nuestro estado de ánimo.

Por lo general, y utilizando terminología de Blay, podemos decir que todo aquello que nos acerque a nuestro Yo-Ideal activará y subirá nuestro ánimo, mientras que todo aquello que la mente interprete como un acercamiento al Yo-Idea, lo bajará, negativizará y/o alterará.

Esto se verá mitigado conforme vayamos avanzando en nuestro proceso de Autorrealización y, paulatinamente, este juego del personaje vaya perdiendo fuerza y vaya avanzando nuestra capacidad de desidentificación con respecto a la actividad de nuestra mente.

Así pues, nuestro estado de ánimos es la resultante de los sucesivos juicios e interpretaciones que está emitiendo nuestra mente. Los principales son:

– Juicio sobre si lo he hecho o lo estoy haciendo bien o mal. Mi capacidad y valía.

– Juicio sobre si voy a estar bien o a estar mal. Bienestar/Malestar.

– Juicio sobre mi seguridad vital y afectiva. Aquí se incluyen la percepción e interpretación que hace nuestra mente sobre los juicios que hacen las demás personas sobre nosotrxs.

– Juicio sobre mi crecimiento y desarrollo.

– Juicio sobre los futuros acontecimientos (expectativas). Y mi capacidad o posibilidades de hacerlo bien y disfrutar.

– Juicio sobre los acontecimientos ya pasados. Su interpretación

– Juicio sobre las sensaciones percibidas, tanto físicas como psíquicas.

Los resultados de estos juicios interactúan sobre el estado de ánimo previo. Pero, a su vez, este estado previo influirá en el propio proceso de emisión de estos juicios. Así, si la mente está ya negativizada y, por tanto, con un estado de ánimo bajo o negativo, los juicios tenderán a ir también en esa línea.

Por ejemplo, el que haya previamente impaciencia en mi mente, va a influir en el estado de ánimo, pues esa energía alterará su normal funcionamiento. Esto hará que los juicios se vean también alterados, lo que provocará que las “sentencias” que emita mi sistema de juicios sean más negativos, lo que también afectará al estado de ánimo y, muy presumiblemente, aumente la impaciencia. Todo está relacionado e interactúa.

Y, por supuesto, todo esto tiene una incidencia directa en nuestro cuerpo, que responderá directamente a la energía que llega de nuestra mente.

En el próximo artículo trataremos la forma de gestionar adecuadamente nuestro estado de ánimo. Como cuestión previa, os remito al texto titulado ¿Verdad o Bienestar? Es especialmente aplicable a la gestión de nuestro estado de ánimo, pues si tenemos como objetivo único o principal el Bienestar, casi con toda probabilidad se darán distorsiones importantes y nos aparecerán deseos ansiosos de bienestar y rechazos al malestar, lo cual hará que nuestra observación se distorsione, dificultando enormemente la comprensión y posterior gestión.

Sin embargo, el objetivo de La Verdad de lo que somos, en este caso, la verdad de lo que está ocurriendo en mí, genera menos alteraciones, es más limpio y adecuado para el trabajo. Porque, además, la verdad conlleva bienestar. Afortunadamente, el estado natural de una persona es de bienestar y nos vamos acercando a él conforme vamos quitando las mentiras y errores que nublan nuestro entendimiento y entorpecen el normal fluir de nuestras energías.

Meditaciones: Que me llene de Amor

La práctica o ejercitamiento para favorecer el normal fluir de la energía amorosa habrá de consistir en un conjunto de acciones que van desde la observación para comprender qué está pasando y las dificultades que hay, la movilización de energías o la generación de una actitud positiva en nuestras relaciones afectivo-amorosas.

Quizás el mayor peligro es que nuestro ímpetu mal dirigido nos lleve a adoptar un personaje de “buenismo” bajo el que nuestra mente se obligue a hacer acciones “buenas” y a mantener una actitud amorosa, pero lo haga sin la comprensión y visión global necesarias, desde lo normativo y no desde la experiencia y, peor aún, cortando internamente todas aquellas respuestas; pensamientos, ideas, sentires, deseos-rechazos, etc., que no se adecúen al modelo externo adoptado (habitualmente el de amor incondicional).

Se incluyen 5 meditaciones. Algunas se centran más en la conexión con la energía amorosa y su movilización mientras que otras lo hacen condiciones que le pone nuestra mente, la relación con la seguridad o la cuestión de la reciprocidad (que, a menudo, no está dispuestx a dar nuestrx Niñx).

También se incluye una respiración-relajación (más breve) que trabaja conjuntamente la confianza y el amor.

En algunas aparece el mantra que habitualmente utilizamos en los Grupos. Un mantra, bien utilizado, haciéndolo de forma consciente, ayuda al cambio en nuestro Inconsciente. El que se utiliza se dice que fue creado por el propio Buda. Lo tenéis al final de los dos textos anteriores.

Ánimo con la práctica y espero que os ayude.

Que os llenéis de Amor.

Meditación Amor-Afectividad: Conexión utilizando una Idea o figuración, movilización y soltar esa idea.
Meditación Amor-Afectividad: Conexión, apertura y Mantra
Meditación Amor-Afectividad: Conexión y apertura (1)

Meditación Amor-Afectividad: Amor, apego y reciprocidad.
Meditación Amor-Afectividad: Apertura al amor y cómo sería desde la seguridad.
Respiración-relación: Confianza y Cariño-Amor.

Ejercitándonos en el Amor

Hoy hablamos del ejercitamiento práctico dirigido a favorecer el normal fluir de la vibración amorosa en nosotrxs. Lo primero que hay que indicar es que, prácticamente, todo lo descrito para el trabajo con la confianza es aplicable a la otra de las energías básicas; el amor.

Así, el trabajo se guiará por los mismos objetivos y líneas generales establecidas para la confianza:

– Conocer y comprender bien su naturaleza y funcionamiento: es una energía natural que aparece en el ser humano cuando ninguna alteración u error de funcionamiento de nuestra mente lo impide. Por tanto, no ha de estar condicionada a ningún hecho, rendimiento o circunstancia.

– Observar para comprender y mantener la actitud adecuada.

– Facilitar su aparición, en el caso de que esté cortado su fluir o sea muy deficiente. Para ello podemos utilizar varias técnicas de conexión con la infancia o de generación de escenarios figurados.

– Una vez que percibamos su presencia, podemos asentarla utilizando, por ejemplo, el ejercicio de movilización de energías.

– Trabajar sobre las condiciones que le pone nuestra mente a su natural fluir.

– Proceso de reaprendizaje para que la mente se habitúe a funcionar con o desde esta energía.

También, al igual que ocurría con la confianza, el amor es una energía sutil que desaparece fácilmente bajo determinado tipo de emociones como, por ejemplo, la rabia o el miedo. Esto nos permite hacer un trabajo a partir de una pregunta ¿Estoy funcionando desde el amor o desde el miedo?

Desde el amor o desde el miedo

Una relación sana con el amor implica haber identificado y superado los conflictos o dolores que he acumulado a lo largo de mi historia de vida con mi madre-padre y resto del mundo. Aceptando la realidad tal y como es, comprendiendo y aceptando que las otras personas también funcionan desde el miedo.

Se impone, pues, un proceso de observación profundo y con exigencia de gran honestidad hacia mi. En este proceso, como en todos, irán apareciendo cosas conforme avanzo en mi comprensión. Una vez vayan apareciendo, he de gestionar adecuadamente las nuevas situaciones que se producen. Una nueva verdad descubierta cambia, necesariamente, cómo percibo la realidad y, por tanto, también mis Respuestas. Pero este proceso o mecanismo a menudo no es inmediato y se da un periodo en el que ya me doy cuenta de cosas pero aún no me han aparecido los suficientes cambios en mis Respuestas. Llegado a este punto es importante aceptar que la mente tiene sus procesos y que necesita sus tiempos y no distorsionar esos procesos con deseos e impaciencias o, peor aún, con rabia porque no me gusta lo que veo.

He de incorporar lo que va saliendo, haciéndolo presente, dándole consistencia de realidad pues, muy posiblemente, mi mente intentará obviar lo nuevo que ha aparecido y seguir con sus hábitos adquiridos y escenarios conocidos (recordad que, a menudo, para la mente es mucho mejor “malo conocido” que “bueno por conocer”).

El camino es ir haciendo evidente las contradicciones y, más profundamente, las causas que vayan apareciendo; la verdad que hay debajo de los síntomas. Dicho de otra manera, incorporar lo descubierto a mi mirada o posición ante el tema. Y tener paciencia para que el proceso de cambio se vaya produciendo a su ritmo natural. La única excepción a esta norma es cuando la conducta en cuestión produce daños a otras personas o a mi mismo/a. En esta fase es muy útil el “Vente PACA.”

Como pauta de observación, se presenta a continuación una tabla con dos columnas. En cada columna aparecen cualidades, situaciones o características que se dan en las dos posiciones posibles, cuando actuamos desde el amor o lo hacemos desde el miedo.

¿Desde dónde me relaciono? El mercaillo del amor

Desde el amorDesde el miedo
No hay personaje o, al menos, no tiene la fuerza suficiente como para determinarme. Funciono desde el yo-experiencia y/o el yo-central.Funciono desde el Personaje o yo-mental/ego.
No hay nadie a quien defender de nada. Lo que se percibe es una sensación de yo sin que haya ideas sobre ese yo, es decir, ideas sobre mi misma/o. Aparece, poco a poco, una sensación de eje.Hay un yo al que defender de los innumerables peligros. Es una sensación de yo que está envuelta en ideas sobre lo que creo ser.
No hay juicios, no aparecen o lo hacen con insuficiente fuerza como para determinarme.Me muevo en los juicios. Constantes juicios hacia las demás personas y hacia mí. Son juicios que tienen como objetivo empoderarme ante las otras personas y asegurarme estar haciendo las cosas correctamente para tener más seguridad amorosa.
Vivo en el AHORA. No hay más. El pasado ya no existe y el futuro no es más que especulaciones sobre posibilidades con las que “juega” mi mente.Vivo y mis relaciones afectivas se establecen enmarcadas en el tiempo.
Las relaciones, presentes, pasadas y futuras, no me producen alteraciones emocionales y/o mentales.Me alteran las relaciones o, al menos, algunas de ellas.
No hay medición de lo que damos y recibimos.Hay medición de lo que damos y recibimos a cambio.
No hay celosAparecen, inevitablemente, los celos. Son señal de inseguridad.
Las relaciones afectivo-amorosas no tienen más objetivos que ser y desarrollarse.Aparecen objetivos: conseguir más capital amoroso, evitar su pérdida, asegurarme una posición, etc.
Las personas son un fin en sí mismas, nunca instrumentos para conseguir algo.En el fondo, vemos a las personas como instrumentos. Instrumentos para aumentar o asegurar nuestro capital amoroso.
No hay necesidad de adaptación, ni propia ni ajena. No hay necesidad, por ejemplo, de seducir.Mi mente está continuamente adaptándose al “mercado”, es decir, desarrolla las conductas que entiende que le van a proporcionar más seguridad afectiva. También adaptamos la imagen interna que hemos construido de las otras personas, para que sea más cercana y amigable o para justificar la ruptura. Necesito seducir para hacerme más atractivo/a.
Mi bienestar y seguridad no dependen de mi posición afectiva-amorosa con respecto a otras personas. No hay dependencia afectiva.Siento que mi seguridad y bienestar están en juego y que dependen de las otras personas. Aparece la dependencia afectiva.
Mi amor no depende de las conductas o actitudes de las otras personas.Mi amor aumenta o disminuye dependiendo de las conductas o actitudes de las otras personas.
No necesito ser/sentirme especial.Necesito ser especial, sentirme especial. Soy más especial que el resto, bien porque soy más sensible, bien por otras causas. Estoy yo y el resto del mundo. Mi dolor justifica cualquier cosa.
Completa simetría o igualdad en el nivel de realidad asignada a las otras personas y a mi misma/o.Aparece la asimetría: en el fondo no estoy dispuesta/o a dar lo que pido a las otras personas. Mi dolor justifica cualquier cosa.
Me veo a mi y veo a las otras personas en su integralidad. En sus distintos niveles de funcionamiento y sus mecanismos de causas-efectos: nivel de personaje y también al nivel de persona. Comprendo.Veo a las otras personas como personajes. Esto es así porque me veo a mi también en el nivel del personaje. Bajo nivel de comprensión y alto nivel de juicio racional y afectivo.

Cómo usar este cuadro. Ejercitando mi yo-experiencia en el amor.

Como dice Blay, todo se desarrolla ejercitándolo, también el amor. Se trata de ejercitar y consolidar mi yo-experiencia, situándome cada vez más en el amor. Mirando incansablemente las emociones e ideas que se interponen.

Concretando, el objetivo de este documento y más específicamente del cuadro de la página anterior, es contar con una guía que nos ayude en este proceso, especialmente, aportándonos pautas para una mejor observación y comprensión de lo que está ocurriendo.

Hay, quizás, una cuestión previa a resolver. Se trata de aprender a diferenciar bien cuándo estoy ejercitándome en el amor o cuándo estoy aplicando un nuevo “deber ser” consistente en la autobligación de relacionarme desde el amor. Se trata de lo que hemos denominado “el buenismo”, actitud desde la que me autoimpongo cosas pero no hago el trabajo de observación profunda y honesta necesaria para descubrir las causas de mi alejamiento de mi fuente de amor.

Básicamente, sabremos que estamos en una posición u otra porque, además de lo indicado, nos aparecerán los síntomas de la columna “desde el miedo” cuando estamos actuando desde el buenismo. Así, habrá un personaje al que defender (me identifico con ese personaje-contrucción mental) y habrá objetivos, más o menos ocultos, en mis acciones bondadosas.

Ejercitarme en el amor exige una toma de conciencia sobre cómo me relaciono con el amor. He de comprender los mecanismos, las causas que hay bajo los síntomas (que son las conductas emitidas y recibidas). Para ello, utilizamos la tabla anterior como referente para el proceso de toma de conciencia y usaremos la observación como instrumento.

Algunas indicaciones sobre la forma de ejercitar mi energía afectiva-amorosa:

1.- La actitud general con la que acometo este proceso es fundamental. Recuerdo la importancia del “Vente PACA.” (Paciencia, Aceptación, Confianza y Acogida). Una actitud sensata y práctica que me lleve a no emplear energías en lamentaciones o autojuicios y sí en avanzar en la comprensión y superación de las situaciones.

Una actitud abierta, compasiva y bondadosa hacia las otras personas y a hacia mí… Pero también sabiendo que no hay nada ni nadie a quien defender (ni a una/o mismo, ni a otras personas). Siendo consciente que tapar no es la solución y sabiendo que lo peor es tener miedo a lo que pueda haber oculto…

2.- Prestando atención (observando) todos los elementos que hemos trabajado en la tabla, atendiendo cómo se presentan en mí. Desde el yo-experiencia nos situamos a cada momento en el AHORA, poniendo toda nuestra energía, comprensión y afectividad en cada acto. Desde ahí, utilizaré una observación combinada de las dos columnas y las aplicaré a cada situación… ¿Por qué estoy en el miedo? ¿Por qué no estoy en el amor?

Una observación continuada nos irá aportando un panorama general de mi relación con el amor e información específica y en detalle de cómo están funcionando los diferentes mecanismos que intervienen. Desde ahí podré identificar (darme cuenta) mejor y más rápidamente de cuándo estoy actuando desde el miedo o desde el amor. Especial atención deberé prestar a la relación que tienen mis respuestas con mi historia de vida: ¿Es la primera vez que siento/pienso/actúo así?

3.- Poniendo en cuestionamiento mis percepciones y principios más básicos acerca de mis relaciones afectivo-amorosas…. No dando nada por hecho o por supuesto. Por ejemplo: poniendo en cuestionamiento esas ideas profundas que hay en mi sobre lo que puede ocurrir si alguien deja de quererme-valorarme.

4.- Cuestionando continuamente los juicios y autojuicios que aparecen: ¿Quién los hace? ¿Desde qué código ético o de conducta? ¿Desde qué instancia?

5.- Haciendo un esfuerzo por verme y por ver a las personas en su integralidad. Intentando comprender las causas, los orígenes de las conductas que estamos emitiendo o recibiendo y que son siempre síntomas de lo que hay debajo. Comprobaremos que al dar con las claves-causas, todo se relaja y el amor se abre paso.

6.- Atendiendo especialmente a las asimetrías afectivo-amorosas que me muestra mi mente. Esas asimetrías son situaciones en las que mi mente me devuelve que, en lo más profundo, no estoy dispuesta/o a dar lo mismo que quiero recibir.

7.- Mirando de frente los miedos e inseguridades (causas de rabias y malestares) que acometen a nuestro personaje/ego. Estamos muy pendientes de no dejarnos llevar por esos miedos, que generan un escenario mental que “justifica” la actuación desde el miedo. El miedo significa que algo me acerca a alguna de mis ideas aceptadas sobre mi y/o la vida (yo-idea, sociedad-idea).

8.- Ejercitándome en conductas y escenarios que estén lo más “limpias” que me sea posible. Por limpias entendemos que hayamos identificado y relajado los elementos que me llevan a actuar desde el miedo.

9- Mirando, observando mi actitud general hacia la sociedad, hacia las personas que quiero y hacia mí mismo. Dicho de otra manera, mirando mi “estilo de afrontamiento” hacia las relaciones y la vida en general.

10.- Con confianza, sabiendo que tras el aparente “abismo” siempre está la verdad y el amor.

11.- Trabajando también mi derecho al amor, mi derecho a estar conectada/o al amor y a no permitir que me invadan los sufrimientos ajenos. Al igual que las otras personas, Tengo derecho a la plenitud.

12.- Aceptando que, en cada momento, no puedo dar más que lo que hay en mi, ya sanado. Así pues, no forzando acciones amorosas que no surjan en mí de manera clara y limpia. Si no lo ves (si no has comprendido suficientemente las causas y el mecanismo), no lo hagas (no fuerces una Respuesta) sólo porque pienses o creas que debes hacerlo.

Que te llenes de amor

Que estés bien

Que puedas estar en paz y cómoda/o

Que seas feliz